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1. EL PLAN INTEGRAL DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC:
¿UN PROYECTO POSTERGADO?
Comparación de los proyectos Alfa-Omega
de 1979 y el Megaproyecto Ochoa y Asociados de 1996.
Durante estos años el eje principal
del desarrollo en la región del Istmo de Tehuantepec
giraba en torno a la producción de crudo y la industria
petroquímica. Tal y como se puede constatar en los
Programas Nacionales de la época. Por ejemplo, en el
Programa de Inversión –Financiamiento 1971-19766
, se planteaba el impulso de los trabajos de exploración
y desarrollo petroleros, así como la ampliación
de la infraestructura petrolera mediante la instalación
de nuevos ductos y tanques de almacenamiento. Se establecía
como tarea primordial la ampliación de la producción
de hidrocarburos, mediante la perforación de 900 pozos
de exploración, 2115 de desarrollo, aprovechando principalmente
los campos petroleros recién descubiertos, además
de dotar de instalaciones a los campos petroleros. El mejoramiento
de los sistemas de conducción de materias primas a
través de la construcción de diversos ductos
terrestres y marítimos para la conexión de las
refinerías con las plataformas petroleras. La instalación
de nuevos gasoductos, como el de Ciudad PEMEX -Cd. de México,
de 720 a 1050 millones de pies cúbicos al día.
Además, se contempló la ampliación
de la capacidad de las terminales de distribución ubicados
en los puntos del país que registraban un aumento sustancial.
Se propuso la integración entre las terminales de Pajaritos
y Manzanillo. El desarrollo de la petroquímica básica,
con el fin de atender la demanda de productos petroquímicos
básicos, en particular aquellos que ya se empleaban
en la industria nacional, iniciando la producción de
cuatro productos nuevos (polietileno de alta densidad, percloroetileno,
polipropileno y cumeno), que coadyuvaría a la integración
de la industria nacional. Para ello, se ampliaron algunas
plantas y se instalaron nuevas plantas petroquímicas,
la mayor parte de ellas en el Istmo: Cosoleacaque para la
producción de Amoniaco, otra planta para la producción
de paraxileno, una planta en Pajaritos, para la producción
de clorados, que proporcionaría 70 mil toneladas de
cloruro de vinilo, 115 mil de dicloroetano y 8 mil de percloroetileno,
una segunda planta de acetaldehído con capacidad para
44 mil toneladas anuales. Se proyectó además
la modificación de la planta de polimerización
de Minatitlán, para la producción de 15 mil
toneladas anuales de cumeno.
Mediante esta estrategia de impulso a la industria
petroquímica, se crearán las bases para un mejor
desarrollo de la industria química orgánica,
así como la industria del plástico, fibras y
hule sintético, pinturas y otras. Dentro del mismo
programa, se propone la construcción de las plantas
de fertilizantes de Coatzacoalcos y Minatitlán, para
la producción de fertilizantes complejos en el primer
caso y de urea y nitrato de amonio en el segundo.
En el sexenio siguiente, el Plan Básico
de Gobierno 1976-19827 se
centraba en impulsar el desarrollo equilibrado e independiente
del país. El equilibrio desde el punto de vista geográfico
que implicaba descentralizar el desarrollo industrial y urbano
en la región central del país y encaminarla
hacia las regiones que contaran con recursos naturales y una
infraestructura para el sostenimiento que del desarrollo urbano.
Dentro de esta estrategia, se identificó a la región
del Istmo como zona prioritaria para impulsar el desarrollo
regional, considerando su abundancia en recursos naturales,
en atención al descubrimiento de importantes yacimientos
petrolíferos, cuya explotación fue iniciada
en 1977, así como la disponibilidad de tierras y agua,
energía eléctrica, minerales y una mano de obra.
A partir de entonces se observa la revitalización de
la economía nacional debido fundamentalmente al auge
petrolero.
En materia industrial señala como objetivos
primordiales, la necesidad de establecer un nuevo marco de
regulaciones en lo referente a la inversión extranjera,
para fortalecer su posición de negociación frente
el capital foráneo. Impulsando programas de mexicanización
que garantizaran la participación y el control nacionales
de sectores, ramas o empresas estratégicas para asegurar
la independencia económica de México, así
como el aprendizaje interno de los métodos de producción
de las empresas extranjeras. Creando para ello un organismo
integrado por recursos estatales o mixtos facultado para negociar
la compra de acciones de empresas seleccionadas en proceso
de nacionalización. La reorientación industrial
propuesta por este plan descansaba en tres mecanismos: la
inversión extranjera, la adquisición de tecnología
y la importación de nuevos productos. En relación
al sector energético, se elaboró un plan nacional
de energéticos mediante el cual se buscaba elevar la
capacidad de generación eléctrica de 12500 MW
a 22000 MW al finalizar el sexenio, mediante la construcción
de plantas con una capacidad total de 9500 MW, de las cuales
el 46% sería energía hidroeléctrica.
En cuanto a la industria petrolera y petroquímica
básica, considerando los hallazgos energéticos
de Chiapas y la Sonda de Campeche, se buscaba incrementar
la demanda de energéticos en un 55% para 1982, con
el fin de abastecer la demanda nacional de hidrocarburos,
procesando 1.2 millones de barriles por día aproximadamente.
Se preveía el descubrimiento y desarrollo de 11 mil
millones de barriles de reservas, lo que significaba en ese
momento duplicar las reservas nacionales, lo cual equivalía
almonto de reservas descubiertas en 37 años, de 1938
a 1975. El programa estimaba también la perforación
de 3390 pozos, 1458 de exploración y 1932 de desarrollo.
En cuanto a la producción de crudo y gas se pretendía
para disponer de un remanente para exportación de 150
mil barriles diarios de crudo. Habilitar los sistemas de recolección,
separación, tratamiento y conducción del crudo
y gas natural en los campos productores existentes. Se programaba
la construcción de las refinerías de Salina
Cruz, Oaxaca y Cadereyta Nuevo León. Salina Cruz con
una capacidad de refinación de 170 mil barriles diarios,
conformado por plantas de destilación primaria, destilación
al vacío, desintegración catalítica,
hidrodesulfuradora y reformadora de naftas, hidrodesulfuradora
de destilados intermedios, recuperadora de azufre e instalaciones
complementarias. Además de la ampliación de
las plantas de Minatitlán y Ciudad Madero. En el ramo
de la petroquímica básica, se programaba ampliar
la producción en el sexenio de 7.8 toneladas en 1976
a 17.3 millones de toneladas al finalizar el sexenio, es decir
2.2 veces mas. Ampliación del sistema de almacenamiento
y tendido de ductos, así como la modernización
de las terminales marítimas petroleras y adquisición
de equipo diverso para transporte de crudo y derivados. Construcción
de sistemas de almacenamiento con capacidad de 2.5 millones
de barriles en las 59 agencias de ventas existentes en el
país, entre ellas Salina Cruz, Puerto Madero, Lázaro
Cárdenas-Las Truchas, Jiménez y Ensenada. Se
estimaba un incremento en el transporte marítimo de
petróleo y sus derivados de 175 millones de barriles
a 240 millones de barriles anuales en 1982.
En las industrias química y petroquímica
secundaria, se tenía programado que se triplicara la
producción a lo largo del sexenio, principalmente de
fibras sintéticas y de sus intermedios, fibras de poliéster,
acrílicos y nylon, para respaldar la industria textil.
En cuanto a la producción de resinas sintéticas
se preveía la ampliación de su producción,
lo cual contribuiría a estimular el crecimiento de
nuevas industrias pequeñas y medianas. Por lo que refiere
a los polímeros de vinilo y de estireno, se hablaba
de darle un tratamiento especial ya que su expansión
requería de cuantiosas inversiones y tecnologías
avanzadas. Acelerar el crecimiento de la producción
de fertilizantes y plaguicidas, con el fin de cubrir la demanda
del país. Impulsar el desarrollo de la industria del
hule, con el fin de satisfacer la demanda interna, se consideraba
que el abastecimiento tanto de fibras para llantas, negro
humo, así como productos químicos varios para
este sector industrial, era el adecuado y estaba en condiciones
de triplicar su producción para 1982. En cuanto a la
producción de ácidos y álcalis, se estableció
alcanzar a lo largo del sexenio el desarrollo de cuando menos
seis renglones: sosa, carbonato de sodio, ácido sulfúrico,
ácido fosfórico, ácido nítrico
y ácido clorhídrico; cuya producción
estaría respaldada en la producción de azufre
y sal, de la futura producción de roca fosfórica,
de los consumos nacionales de cloruro de vinilo y de los desarrollos
requeridos de fertilizantes, que considerados los pilares
esenciales del desarrollo industrial y económico de
México.
En tanto, ocurrían las negociaciones
entre Panamá y Estados Unidos, que concluyeron con
la firma del tratado Torrijos-Carter mediante el cual los
norteamericanos convienen devolver el Canal de Panamá
en 1999, sin que ello significara un retroceso de su poderío
regional, sino más bien el replanteamiento de su estrategia
geopolítica en el Hemisferio. Lo que permitió
el que los países que dependían fundamentalmente
del Canal de Panamá para su comercio marítimo,
buscaran opciones alternativas.
Ello explica en gran medida, el surgimiento
de un proyecto de la magnitud del Alfa-Omega. El gobierno
mexicano, en la perspectiva de desarrollar industrialmente
el país y proyectarse hacia el primer mundo, adquiere
una deuda externa por 90 mil millones de dólares (entre
1976 y 1982) que, tras la crisis financiera acaba por detener
el crecimiento industrial del país, al tiempo en que
revierte la tendencia desarrollista que había sido
implementada por lo menos dos sexenios atrás.
A partir de 1988, la estrategia de PEMEX se
vuelca hacia el Pacífico, lo que significó una
valoración más de la importancia del Istmo de
Tehuantepec como corredor petrolero. El Proyecto Petrolero
del Pacífico, fue un plan mexicano-japonés que
tuvo por objeto el suministro de petróleo desde la
zona del Golfo de México al Océano Pacífico.
De acuerdo a este plan, Salina Cruz se convierte en el principal
centro de distribución de crudo y derivados del petróleo
de la región, 235 mil bpd, y 150 mil se exportaban
al Sureste Asiático, principalmente a Japón.
Tanto la infraestructura portuaria como la capacidad de la
refinería de Salina Cruz eran insuficientes ante la
creciente demanda 8 . Se buscaba
mejorar sustancialmente la organización espacial del
sistema energético, conectando eficientemente los centros
productores de petróleo y derivados ubicados en el
Golfo con los centros de procesamiento y de consumo. Con el
fin de abastecer la demanda interna de crudo, combustóleo,
destilados, gas licuado y amoniaco, en la zona del Pacífico
mexicano y la Cuenca del Pacífico. Mediante una inversión
por 1200 millones de dólares, de los cuales 500 millones
se obtendrían de la banca japonesa, se ejecutarían
seis proyectos: I. Cavernas de Almacenamiento de Crudo en
los Domos de Tuzandépetl, Veracruz, con una capacidad
de almacenamiento de 10 millones de barriles de crudo; II.
Oleoducto transístmico de 48'', Nuevo Teapa-Salina
Cruz; III. Tanques de Almacenamiento de Crudo en Salina Cruz;
V. Almacenamiento de gas Licuado e infraestructura Portuaria
en Salina Cruz; y VI. Complejo Amoniaco. Además se
proyectó la instalación de una segunda Refinería
en Salina Cruz, con 11 nuevas plantas, y que ampliaría
la capacidad de refinación de 170 mil barriles diarios
a 300 mil.
De esta manera, mientras el proceso de reestructuración
o más bien privatización de PEMEX avanza sorteando
las barreras constitucionales y legales para su consolidación,
se logra formalizar el estratégico bloque energético
de América del Norte mediante el TLC. Al tiempo en
que avanzan también los procesos de privatización
de las infraestructuras. La publicación en 1995 del
Plan Nacional de Desarrollo Urbano 1995-2000, el gobierno
de Ernesto Zedillo, revela el nuevo esquema de reorganización
del territorio, resultado de la conjunción del proceso
de reconversión de la estructura económico territorial
que se venía dando en los sexenios de 1982-1988 y 1988-1994.
Los Corredores Urbano Industriales propuestos para México,
aparecen como la alternativa de conexión para el Este
norteamericano con la Cuenca del Pacífico frente al
inminente incremento de la importancia económica del
Sureste Asiático en el mercado Mundial. Lo cual recalca
la importancia de Tehuantepec y de todo el istmo centroamericano,
como la principal zona de interés para los principales
grupos de poder económico y político del mundo.
El controvertido Megaproyecto Ochoa y Asociados,
aparece entonces, en un contexto de entrega de las principales
redes de infraestructuras y riquezas nacionales: puertos,
ferrocarriles, carreteras, aeropuertos, petróleo, biodiversidad,
agua y minerales. Lo que da pie a que revivan y se profundicen
las fantasías sobre el potencial de desarrollo del
Istmo de Tehuantepec, más que en cualquier otro momento
de la historia de la conexión interoceánica
de la región. Surgiendo propuestas como la del Consejo
Empresarial de Asuntos Internacionales (CEMAI) y el Consejo
Empresarial de Inversión y Desarrollo del Sureste (CEIDES),
publicada en la revista Expansión (1997); el Proyecto
Tehuantepec de Grupo Acerero del Norte (1998); diversos estudios
sobre la operatividad del Servicio Multimodal del Istmo, que
incluye el proyecto de la Autopista Oaxaca Istmo y su ramal
a Huatulco; sobre el potencial de generación eoloeléctrico
de La Ventosa; los cuales han servido en numerosas ocasiones
para potenciar las cualidades del istmo.
6 Secretaría
de Programación y Presupuesto; Antología de la Planeación
en México, 1917-1985; Vol. 4. Planeación Económica
y Social; Fondo de Cultura Económica, México, 1985;
Pág. 17-30.
7 Op; cit. Vol.
6. Reforma Administrativa y Planeación; Pág. 113-133
8 La refinería
contaba con una capacidad de refinación de 170 mil barriles
diarios de crudo, instalaciones portuarias dotadas de muelles y
monoboyas para operaciones de buques de gran calado, ocho terminales
marítimas para almacenamiento y distribución de petrolíferos
y cinco poliductos hacia el Pacífico Norte. Alejandro Toledo,
Geopolítica y Desarrollo en el Istmo de Tehuantepec; Centro
de Ecología y Desarrollo; México, 1995; Pág.
221-222.
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