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PLAN PUEBLA-PANAMÁ
DOCUMENTO BASE. CAPÍTULO MÉXICO
INFORME EJECUTIVO
1. PRESENTACIÓN.
México vive hoy una transformación
en todos los órdenes. En el ámbito político
administrativo, la maduración del proceso de democratización
del país, que culminó el 2 de julio de 2000 con el
triunfo electoral de una Alianza Opositora por primera vez en más
de 75 años, permite un ejercicio del poder no autoritario
y una nueva concepción sobre el desarrollo del país.
El Gobierno Federal, que representa a la sociedad y a las instituciones
nacionales, coordina y dirige el esfuerzo para abatir el rezago
económico, las injusticias sociales y los desequilibrios
regionales, para alcanzar el México que todos queremos.
El Ejecutivo Federal reconoce hoy la importancia
fundamental que para la vida pública tienen la vigencia plena
de nuestra Constitución y las leyes, la efectiva división
de Poderes, el respeto irrestricto a las garantías individuales
y los derechos humanos, y el ejercicio de la soberanía de
las entidades federativas y los municipios. Todo ello enmarca el
esfuerzo nacional de desarrollo.
En el nuevo contexto mundial, tanto los organismos
multilaterales internacionales como las comunidades científicas
especializadas en el proceso de desarrollo aceptan que éste
es un fenómeno multidimensional y multicausal, cuyo factor
determinante es la calidad de la gestión pública,
incluyendo la del sistema de instituciones como la de las políticas
públicas. En ambos casos la calidad depende de la inteligencia
para adecuar las instituciones, diseñar políticas
y llevar a cabo acciones capaces de aprovechar con creatividad las
oportunidades de desarrollo que brinda la globalización de
la economía mundial y minimizar sus eventuales efectos negativos.
En suma, la calidad del Estado depende hoy de su capacidad para
cambiar de manera inteligente, partiendo de un análisis serio
y sistemático de la situación para proponer sobre
una base firme soluciones que funcionen en el corto y largo plazo.
México ha iniciado un proceso de incorporación
activa a la nueva dinámica mundial, concertando varios Tratados
de Libre Comercio; los más importantes, con los países
de América del Norte, con los países de la Unión
Europea y con los países de Centroamérica (salvo Panamá
y Belice). Como resultado, el comercio internacional de México
se incrementó de manera sustantiva. Los acuerdos suscritos
constituyen una plataforma muy importante para reposicionar a México
en la economía mundial.
El innegable desarrollo económico y social
alcanzado por México muestra, al interior del país,
grandes disparidades entre regiones. Dichas disparidades han sido
alimentadas, entre muchos otros, por una aplicación de políticas
públicas inequitativas. La región Sur-Sureste de la
República Mexicana, integrada por los estados de Puebla,
Veracruz, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán
y Quintana Roo, muestra un serio rezago en su desarrollo socioeconómico
con respecto a las regiones del Centro y Norte del país.
Las condiciones de marginación y pobreza que prevalecen en
dicha región son endémicas y se deben a un tejido
histórico complejo de factores de muy diversa naturaleza,
que incluye la aplicación en el pasado de políticas
públicas desiguales.
Con el tiempo, las brechas entre el Sur-Sureste y
el resto del país se han ampliado, haciéndose ello
más notorio si se descuentan los efectos económicos
positivos que las actividades de petroleras han tenido en dicha
región. Sus problemas económicos y sociales son estructurales
y no producto de una situación de coyuntura. El Gobierno
Federal ha reiterado que una de sus prioridades es lograr un mayor
desarrollo humano y un cambio estructural económico en la
región Sur-Sureste del país. Ello requiere de un programa
integral, que responda además a una visión de largo
plazo.
El Gobierno Federal se ha propuesto cambiar las estrategias y prioridades
de la Planeación Nacional del Desarrollo, iniciando ésta
con la Región Sur-Sureste de México, en el marco del
Plan Puebla-Panamá. Su propósito es corregir inmediatamente
los sesgos que han afectado negativamente a dicha región,
para empezar a revertir las tendencias seculares de deterioro y
permitir así a sus habitantes acceder a una mejor calidad
de vida.
Para ello propone un nuevo esquema de desarrollo
regional que, partiendo de la premisa de que el desarrollo es de
las personas o no es desarrollo, contempla, entre otros, nuevas
políticas públicas para el desarrollo humano (prestando
especial atención en el desarrollo integral de las comunidades
y pueblos indígenas), la lucha contra la pobreza y la promoción
de la inversión y el desarrollo productivos, la realización
de inversiones estratégicas en infraestructura que permitan
a la región comunicarse mejor y aprovechar las potencialidades
inscritas en los tratados de libre comercio de México, una
nueva política de precios y tarifas de bienes y servicios
producidos por el sector público, y programas para el aseguramiento
de la sustentabilidad ambiental del crecimiento económico.
El cambio de México cristalizará si
se potencia su recurso fundamental: los mexicanos y mexicanas. Por
ello, simultáneamente se establecerán nuevas bases
y nuevos esquemas para la coordinación entre la Federación
y los Estados y Municipios de la Región, para modernizar
el marco institucional de la gestión pública y posibilitar
la participación social de los habitantes del Sur-Sureste,
desde sus comunidades y sus propias organizaciones.
Esta nueva forma de planeación del desarrollo
de la Región Sur-Sureste de México se inscribe en
una perspectiva estratégica del desarrollo regional internacional
que, por primera vez, se propone participar de manera decisiva en
una macro-región, como es México Centroamérica.
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