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4.3 “PROCESOS DE REESTRUCTURACIÓN
PRODUCTIVA Y POLÍTICA EN UNA LOCALIDAD PETROLERA DEL ISTMO
VERACRUZANO. NANCHITAL 1988-2000”
Saúl Horacio Moreno
Andrade*.
Facultad de Sociología.
De la Universidad Veracruzana.
Dirección: Ezequiel Alatriste
Francisco Moreno.
Introducción.
Esta ponencia es un planteamiento para el desarrollo
de mi investigación doctoral en Ciencias Antropológicas.
Más que presentar resultados de investigación este
documento avanza supuestos teóricos en un esfuerzo de reflexión
por establecer los conceptos centrales para mis argumentos. La principal
preocupación que me guía es conocer la relación
entre los procesos identitarios y los procesos de transformación
productiva y política a nivel de las estructuras en un espacio
determinado a nivel de lo local. Me interesa la relación
entre trabajo, política y cultura traducidos en la relación
entre procesos de reestructuración productiva, procesos políticos
y procesos identitarios. Que se conformen en una cultura local con
referencia a un proceso productivo, para el caso en una cultura
petrolera, en donde los elementos políticos, laborales y
étnicos se encuentran amalgamados. Además, se trata
de reconstruir el proceso histórico de construcción
de sociedades tradicionales en el encuentro con las formas neoliberales
de desarrollo, a través de los actores directos.
Mi interés es comprender cómo los procesos
locales de una comunidad petrolera urbana del Istmo veracruzano,
son atravesados y relativamente determinados por los procesos nacionales
de reconversión de la industria petrolera y de reforma del
sistema político, y a la inversa, cómo estos últimos
(influidos por los mercados internacionales del petróleo
y las políticas nacionales de desarrollo) toman características
particulares en su encuentro con las culturas locales y regionales,
constituyendo un objeto de estudio: las identidades en una espacialidad
a escala humana.
Nanchital como espacio de condensación
histórica.
Para esto, Nanchital es un ejemplo paradigmático
por sus condiciones geográficas, políticas y culturales;
por ser lugar vital para varias generaciones de trabajadores petroleros.
Me interesa Nanchital, por ser un espacio en donde los procesos
de construcción de identidades petroleras se encuentran “condensados”
históricamente y nos permiten hablar de un “antes”
y un “después” de la reestructuración
de la industria a partir de los efectos que la misma tiene en las
localidades. Además el hecho de ser una localidad de la región
del Istmo veracruzano la ubica dentro de un área política
y económicamente muy importante del país. En el Istmo
veracruzano viven 1 millón 560 mil personas, distribuidas
en 31 municipios. Las localidades con mayor población son:
Coatzacoalcos (220,896 hab.), Minatitlán (147,458 hab.),
Acayucan (49,204 hab.), San Andrés Tuxtla (54,757 hab.),
Las Choapas (43,011 hab.), Agua Dulce (37,809 hab.) y Nanchital
(27,183 hab.). Se trata de una zona estratégica
por la inversión en la industria química y petroquímica
y la producción y comercialización de petrolíferos
(24,323,millones de dólares) las cuales generan una importante
cantidad de empleos (12,398 en 1997) además de geográficamente
encontrarse en la parte más estrecha de la república
y que permite proyectos que comuniquen a los océanos Pacífico
y Atlántico de manera rápida, como es el caso de Proyecto
Petrolero del Pacífico para la transportación de petróleo
de Coatzacoalcos-Minatitlán a Salina Cruz, con mira a los
mercados orientales y actualmente se encuentra dentro de la zona
que corresponderá la denominado “Megaproyecto Multimodal
Transístmico”1. Además de ser una región
culturalmente muy diversa en donde conviven tradiciones de grupos
étnico como los nahuas, popolucas y los zapotecos.
Nanchital fue un campamento petrolero, hasta que
con la instalación de los complejos petroquímicos
de Pajaritos y la Cangrejera y los resultados a su favor de la disputa
sindical por el control de la mano de obra de estas instalaciones
industriales se convierte en una ciudad importante de la región.
La sección 11 del sindicato petrolero ubicada en Nanchital
tuvo enorme influencia hasta principios de los años 90, con
la dirección de Francisco “Chico” Balderas. Podríamos
decir que en la construcción de la región, la ciudad
ha jugado un papel relevante en la constitución de los poderes
en virtud de su posición geográfico-industrial. Aunque
en los últimos años la hegemonía del PRI no
fue total, en Nanchital el PRI se mantuvo en el poder en las elecciones
locales de 1997, pero en las ciudades vecinas de Coatzacoalcos y
Minatitlán ganó el PRD en un desplazamiento de las
dirigencias petroleras seccionales que tradicionalmente ocupan la
alcaldía.
En la construcción de lo que los mismos nanchitecos
llaman el Nanchital moderno, su surgimiento como municipio con cabecera
en la ciudad del mismo nombre, han jugado un papel muy importante,
al menos tres instituciones locales: 1.- La sección petrolera
mencionada, 2.- el ayuntamiento y 3.- los llamados círculos
istmeños, en donde se organizan las actividades y festejos
que refuerzan la identidad zapoteca en las comunidades petroleras.
Las cuales aún son decisivas en su capacidad de responder
como comunidad a las transformaciones de la industria petrolera
y sus efectos, sobretodo los recortes de personal y la perdida del
sentido nacionalista de la empresa, que conllevaba cierta obligatoriedad
social de la empresa a través del sindicato que funcionaba
como institución de mediación. Esto supone una relación
entre los procesos políticos (sindicales, municipales, etc)
y los procesos identitarios, que sin embargo mantienen una estrecha
vinculación con las políticas de contratación
y ocupación de trabajadores en la industria principalmente
petrolera (procesos de reestructuración productiva) a través
de la constitución de una cultura petrolera (laboral, política
y étnica) propia de la localidad.
Las culturas locales en la reestructuración
productiva y política.
Para el estudio que pretendo mi supuesto de partida
es la existencia de una diversidad de culturas petroleras que son
una combinación entre un aspecto general, la industria petrolera
(sus empresas, su sindicato y sus formas de organizar y representarse
el trabajo y la producción) y un aspecto particular que son
las culturas locales de las comunidades en donde se asienta la industria
(sus modos de vida y la calidad en que se vive). De esta manera
tenemos un objeto de estudio complejo, un conjunto de órdenes
socioculturales (étnicos, religiosos, políticos, urbano-rurales,
etc.) que se encuentran dentro de un espacio geográfico definido,
pero a la vez interconectado con otros espacios geográficos
en donde la industria petrolera se encuentra. Es decir asumimos
la existencia de una comunidad imaginada (Anderson, 1993) que es
una amalgama entre un objeto global (la industria) y un objeto local
(las comunidades petroleras). En esa dimensión se generan
las prácticas y se construyen las representaciones colectivas:
los imaginarios y las ideologías (Thompson, 1998). De este
principal supuesto se desprenden otros cuatro subsupuestos:
a) Que las culturas petroleras son resultado de un
proceso de colonización estatal, al menos en tres periodos:
la etapa de las compañías (antes de 1938), la de la
empresa nacionalizada (de 1940 a 1988) y la de la desnacionalización
(de 1988-2000). Es decir que la consolidación del estado
posrevolucionario está íntimamente ligada a estas
etapas del proceso de colonización.
b) Que estas etapas también se ligan a formas de trabajar
y producir en las empresas, las cuales son estructuras que se incorporan
en los actores generándoles formas habituales de conducirse
prácticamente (Bourdieu, 1991). Pero que son resultado de
un proceso de negociación con los modos de vida locales y
las condiciones de exigencia de calidad de vida de los actores locales.
c) Entonces los espacios de la reproducción de las culturas
petroleras son tanto el terreno de lo fabril como el terreno de
lo extrafabril, por una parte, y por otra, rebasa al mero sujeto
obrero petrolero y penetra a los órdenes socioculturales
de la familia y la comunidad2, al nivel de lo local.
d) Al nivel de lo nacional, la comunidad imaginada, la “nación
petrolera” ha elaborado una narración legitimadora
de las estructuras jerarquizantes administrativas, sindicales e,
incluso, municipales, la cual se encuentra en la idea de la nacionalización,
en nombre de la cual se generan procesos inversos de desnacionalización
(reprivatización parcial de la industria). A nivel local
se realiza una recepción de esta estructura significativa,
traduciéndola a las formas de vida históricamente
establecidas.
A partir de esta elaboración, los supuestos
hipotéticos plantean la articulación entre las esferas
económica (mercados de trabajo), política (articulación
Estado-sindicatos-municipios) y cultural (modos de vida y estructuras
significativas, ideologías e imaginarios), tanto como construcción
de una perspectiva analítica como de una visión de
la complejidad del mundo con referencia a las consecuencias de la
modernización de la producción y sus efectos locales.
Por tanto, los procesos de reestructuración
no pueden ser definidos solamente en las dimensiones económica
o política de la realidad sino que la propia existencia de
la acción reestructuradora es cultural y que las culturas
locales son definidas en y por los procesos productivos y políticos
globales que las atraviesan. La reestructuración es una invasión
de sentidos y contrasentidos (se privatiza para mantener la propiedad
de la nación). Y, a la inversa, los procesos culturales locales
(como los aspectos étnicos3, las diferencias religiosas4,
las políticas de partidos5 y los mitos fundacionales6) condicionan
las maneras en que las políticas nacionales de reestructuración
de la industria petrolera, toman forma a nivel de lo local y de
lo regional7.
* Col. Ferrer Guardia, Xalapa, Veracruz/Tel fax. 28-152490
Dom. Particular: Edif.. Piñones A-6. Fracc. El Coyol. Xalapa,
Veracruz. C.P. 91157.
Tel. 28-104724. Email saulhoracio correoweb.com
1 El cual se compone de cuatro proyectos: 1.-
La instalación de un corredor industrial, 2.- El proyecto
de instalación de Maquiladoras Textiles , 3.- El corredor
transístmico entre Coatzacoalcos y Salina Cruz por vía
terrestre, 4.- La construcción de una planta de Metil Terbutil.
Es tan importante el proyecto que el presidente Zedillo firmó
en 1997 un convenio de reordenamiento territorial para los municipios
de Coatzacoalcos, Minatitlán, Cosoleacaque, Nanchital e Ixhuatlán
del Sureste (Diario del Istmo, 15 de agosto de 1999).
2 Cuando nos referimos a la comunidad, en este caso, se trata específicamente
de la cabecera municipal de Nanchital de Lázaro Cárdenas
del Río.
3 Hablamos sobre la importante presencia de los zapotecos en las
jerarquías sindicales; el desprecio de los habitantes de
otro origen étnico hacia ellos con el mote de “Tecos”,
por ejemplificar.
4 En el caso de Nanchital la presencia en los festejos de la comunidad
zapoteca de San Nicolás de Bari y su competencia con los
seguidores de la Virgen Guadalupana por los espacios públicos
de culto.
5 El triunfo del PRI en Nanchital y del PRD en Minatitlán
y Coatzacoalcos para los gobiernos municipales de 1997 al 2000.
6 El mito de que el nombre de Nanchital se origina en el Puerto
de Manchester en Inglaterra, derivando en Nanchester y después
en Nanchital o que Minatitlán quiere decir tierra de Francisco
Javier Mina. En el caso de ambas comunidades petroleras, el principal
mito fundacional es que la comunidad debe su existencia a la nacionalización
petrolera y a su impulsor, el prócer Lázaro Cárdenas
del Río. Como ejemplo, actualmente la refinería ubicada
en el centro de la ciudad de Minatitlán lleva el nombre del
general, y Nanchital se llama Nanchital de Lázaro Cárdenas
del Río.
7 Existen diferentes versiones acerca de los procesos de reestructuración
productiva en México desde la sociología del trabajo
(Pries, 1995ª)(Barbosa, 1993)(De la Garza, 1993), pero pocas
versiones del proceso se han ocupado del aspecto cultural7; generalmente
se trata de posiciones más centradas en los problemas derivados
del entendimiento de los procesos de trabajo. De ellas se derivan
consecuencias políticas y a veces culturales, pero sin embargo
el “objeto cultural” aún es muy resbaloso, teórica
y metodológicamente hablando. En la antropología hay
versiones sobre la relación entre cultura y trabajo que surgieron
después de un arduo debate entre escuelas. Finalmente, en
los ochentas, se perfila el interés por la cultura obrera,
el cual es rápidamente superado por factores teóricos
y empíricos: el primero se refiere a que no se puede hablar
de cultura en un grupo que no desea seguirlo siendo, “(…)
parte de la cultura obrera, es la decisión de ya no vivir,
uno mismo o en los descendientes, ninguna cultura obrera”
señalaría Monsivaís (1987); el segundo, a que
la fuerza de trabajo ocupada en la industria es cada vez menor y,
en cambio, son crecientes los empleos en el sector servicios y el
desempleo que, por su parte, ocasiona formas alternativas de ocupación
informales (Pries, 1995b). Hay una recomposición de los mercados
de trabajo, que requiere otra pertinencia teórica más
amplia. Además los sujetos laborales se amplían (empresarios,
vendedores ambulantes, amas de casa, etc). Así se propone
el concepto de culturas laborales, para hablar de diferentes expresiones
sociales del trabajo y en respuesta a la propuesta gubernamental,
de crear una nueva cultura laboral, basada en los modelos de producción
apoyados en las tesis de la calidad total y el just in time.
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