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Desafortunadamente, a pesar de estos avances, actualmente
poderosos intereses políticos de Chiapas y Oaxaca están
provocando nuevos brotes de violencia, a raíz de los conflictos
agrarios no resueltos y de sus aspiraciones para aprovechar oportunidades
que esperan surgirán con un nuevo “mega-proyecto”
trans-ístmico, promovido por grupos comprometidos con la
estrategia de integración internacional. La decisión
unilateral del vecino gobierno de Chiapas para cambiar los límites
estatales8 refleja no solo una simple lucha por la tierra sino por
el modelo de desarrollo de la región en su totalidad. En
Oaxaca, también, los cambios políticos agudizaron
las tensiones: después de 1993, se desconoció la decisión
de las autoridades estatales anteriores de permitir que avanzaran
y maduraran los procesos locales de gobierno, respaldando los programas
internacionales que promovían la gestión sustentable
local junto con las instituciones y culturas indígenas; una
guerra continua y no declarada contra las comunidades fue intensificando
y además acompañada de una abierta campaña
de ataques a Maderas del Pueblo que incluyó vanos intentos
de suspender los apoyos recibidos de sus patrocinadores. Esta oposición
fue motivada por una preocupación oficial justificada de
que la participación de las bases y el control comunitario
de los valiosos recursos naturales, excluiría a los más
poderosos grupos industriales de la explotación los recursos
naturales de la región.
Asimismo, algunos grupos económicos poderosos
del estado de Chiapas continúan promoviendo un modelo centralizado
de cambio económico, fincado en un reordenamiento de los
recursos naturales para exportar maderas finas, ganado y frutas
y verduras de riego. La profunda divergencia en cuanto a los principios
que rigen en los mercados y el papel de las comunidades en su propia
gestión y gobierno ha ocasionado enfrentamientos particularmente
violentos en los años recientes en los Chimalapas, que se
reflejan de manera parecida en las negociaciones relacionadas con
el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. Como se verá,
estas características estructurales tomaron un camino trágico
a mediados de 1998 cuando los incendios forestales aceleraron aún
mas la deforestación en la región.
Los bosques mexicanos y la temporada de incendios
en 1998: una perspectiva nacional
Dos tercios del territorio mexicano son o deberían
ser boscosos, con una amplia variedad de especies, dependiendo del
ecosistema. Como resultado, México ocupa el onceavo lugar
en volumen de recursos boscosos entre las naciones del mundo, y
cuarto lugar, después de Indonesia, Colombia, y Brasil en
cuanto a la biodiversidad de flora y fauna. Refiriéndose
específicamente a las variedades de pino y encino, México
ocupa el primer lugar.
Esta enorme riqueza fue seriamente dañada
durante décadas de excesiva explotación, como resultado
de las inadecuadas políticas de administración y desarrollo.
Las políticas económicas discriminatorias afectaron
a la población rural en general, y a los grupos indígenas
en particular, forzándolos a menudo a migrar hacia los más
inhóspitos y frágiles ecosistemas del país,
involucrándose en prácticas productivas y de manejo
depredadores que contribuyeron a la destrucción ambiental.
Por otro lado, las políticas agrarias promovieron un control
monopólico de compañías madereras sobre vastas
regiones de bosques; las estrategias comerciales crearon mercados
protegidos para los productos maderables; sin embargo, los mas recientes
cambios eliminaron estas restricciones, intensificando la explotación
de la madera del país y favoreciendo la expansión
de los ranchos ganaderos, especialmente en las selvas tropicales
del sureste Mexicano, produciendo un peculiar patrón de deforestación
que se volvió muy conocido en todo el mundo: el dramático
contraste en las fotografías de satélite del bosque
en la frontera que separa a México de Guatemala ofrece un
desolador testimonio del carácter rapaz de la administración
de los bosques en México. Aunque esta destrucción
evolucionó rápidamente, las selvas tropicales mexicanos
han sufrido aún mas, declinando de unos 20 millones de hectáreas
a tan solo 2 millones durante el siglo XX.
Los incendios forestales son una persistente y destructiva
fuerza causante del deterioro de los ecosistemas naturales. Debido
a la inusual combinación de condiciones climáticas
y meteorológicas antes y después del invierno de 1997-1998,
atribuidos a “El Niño”, estos incendios tuvieron
un particularmente fuerte impacto en los bosques y selvas mexicanas.9
Sus efectos fueron claros, aún para el ciudadano común,
e inexplicablemente subestimado por varios grupos dentro de los
gobiernos federales y estatales, incluyendo, mas sorprendentemente
a las mismas autoridades ambientales (SEMARNAP).
Las declaraciones de SEMARNAP trataron de mediatizar
la gravedad de los daños a los bosques causados por los incendios.
Intentaron minimizar su propia responsabilidad en el problema y
su eventual solución, destacando que en México fueron
menos significativos que en otros países, incluyendo a los
Estados Unidos. Este intento sin duda, estaba condicionado por los
políticos del más alto nivel federal, quienes asignaron
bajas prioridades a los programas de manejo ambiental conforme se
intensificaban las presiones económicas; la prevención
y combate a los incendios, nunca una alta prioridad, fueron específicamente
señalados en estos recortes presupuestales y remplazados
con piadosas declaraciones de preocupación. A inicios de
la primavera, estos mismos políticos reconocieron la gravedad
de la situación, pero actuaron con lentitud para solicitar
asistencia externa, y solo hasta después de que 17 campesinos
murieron apagando fuegos en el estado de Puebla y de que los daños
comenzaron a causar serios problemas mas allá de las fronteras
del país. Sorpresivamente, una vez que lo peor había
pasado, las cifras preliminares dadas a conocer por la SEMARNAP,
como veremos, subestimaron significativamente la gravedad de la
experiencia. Después del establecimiento de las lluvias en
julio, se dieron a conocer que había habido 14,210 incendios
desde el inicio del año hasta mediados de julio, afectándose
583,000 hectáreas, de las cuales solo el 27% (150,000 has.)
comprendían bosques maduros.10 La misma fuente oficial declaró
que los daños en Oaxaca habían sido de 47,500 has.
y otras 129,000 en Chiapas, cerca de un 30% del total de 1998.
El Consejo Técnico Consultivo Nacional Forestal
(CONAF), un grupo promovido por el gobierno federal, que incluye
a representantes de todos los sectores, al parecer no tuvo más
alternativa que aceptar las cifras oficiales, señalando la
gravedad de la situación: el número de incendios fue
el doble de la media de incendios en el periodo 1992-1997 y 35%
por encima de la cifra histórica mas alta en 1988; el área
afectada era 3 veces el tamaño del promedio del mismo periodo.
Las declaraciones de prensa también minimizaron la relativa
importancia de esta información: “sin subestimar el
daño”, el área quemada fue solo 0.41% del total
de áreas de bosque del país.11 Como se sugiere abajo,
estas cifras fueron increíblemente bajas.
En el periodo más álgido de los incendios
forestales de 1998, las declaraciones de los mas altos niveles de
gobierno fueron explícitas al señalar a los supuestos
culpables de ésta tragedia. Los políticos identificaron
como responsables a los pobladores rurales mas pobre, quienes practican
la agricultura de roza-tumba y quema en las selvas del sureste y
a las comunidades campesinas en otras partes del país quienes
regularmente usan el fuego como una herramienta agrícola
para limpiar sus terrenos de malezas antes de la nueva temporada
de cultivos.12 Nunca se reconoció la diferencia entre los
campesinos con parcelas de subsistencia y los ganaderos quienes
usan la misma técnica de roza y quema pero en escalas significativamente
diferentes; mientras que los primeros abren pequeñas áreas
para su propio uso, los segundos limpian grandes extensiones para
extender sus potreros e incrementar el tamaño de sus hatos.
En consecuencia, los campesinos pobres se transformaron en víctimas
y se convirtieron en el blanco de una intensa campaña publicitaria
intentando poner a la opinión publica en contra de los agricultores
tradicionales. No se discutieron las razones por las cuales los
campesinos optaron por éstas prácticas; tampoco se
inició una búsqueda seria de alternativas, a la política
que trataba de disuadir a los campesinos en zonas de la agricultura
de temporal para que dejen de sembrar sus granos tradicionales,
sin otorgarles los recursos financieros, ni los insumos requeridos,
o la asistencia técnica que seria necesaria para que estos
cultivaran otros productos.13 Tan solo dos meses mas tarde a los
incendios, las autoridades de agricultura "descubrieron"
una inminente crisis alimentaria, ya que el país de nuevo
se verá obligado a importar mas de la mitad de sus necesidades
de alimentos básicos.
La experiencia durante los incendios de 1998, sugiere
que las estimaciones cuantitativas de las áreas dañadas
son equivocadas. El dato de 47,500 has. para Oaxaca es absolutamente
increíble. Sólo en la región de Chimalapas,
por ejemplo, Maderas estimó que 210,000 has. habían
sido afectadas. Sus miembros participaron activamente en el combate
a los incendios durante toda la temporada; realizaron estas labores,
tanto de manera directa como en colaboración con el ejército
mexicano y con expertos del Servicio Forestal de los Estados Unidos,
quienes fueron traídos al país para asistir en los
esfuerzos de combate a los incendios. Desde el término de
las conflagraciones, Maderas ha trabajado junto con la World Wildlife
Fund (WWF), la Sociedad para el Estudio de los Recursos Bióticos
de Oaxaca (SERBO), miembros de las comunidades locales, responsables
de las brigadas de incendios, y funcionarios de la SEMARNAP; usando
un sistema de información geográfica (SIG) desarrollado
en los últimos años para programar el manejo de los
recursos naturales y las inversiones, los polígonos definieron
las áreas dañadas en la propuesta reserva; este trabajo
reveló que ¡Los Chimalapas experimentó un daño
cerca de 5 veces mayor que el área reportada para todo el
estado!14
Esta discrepancia substancial entre los reportes
oficiales y la realidad, es tan problemática como mistificante.
No podemos encontrar una explicación sensata a estas estimaciones
minimizadas y pareciera evidente que en la totalidad del país
fueron afectadas mas de un millón de hectáreas, con
una significante proporción afectada por daños serios
como resultado de los fuegos subterráneos y los que se propagan
en la copa de los árboles en lugar del piso, dado que éstos
son los dos tipos de fuego mas peligrosos y mas dañinos.
Hacia un mejor entendimiento de los incendios
en los bosques
¿Por qué los incendios forestales en
México, se están volviendo cada vez mas dañinos
y mas difíciles de controlar? ¿Son las prácticas
de cultivo de los campesinos mas pobres del país la verdadera
causa del problema? ¿Las políticas para prevenir los
incendios debieran asignar una primordial importancia a culpar a
los campesinos de pequeña escala? Estas preguntas son fundamentales
para entender el papel de los incendios en la dinámica de
la deforestación en México. Antes de continuar con
nuestro análisis detallado de la experiencia en los Chimalapas,
vale la pena explorar estas cuestiones a nivel nacional.
El frívolo diagnóstico de los incendios
forestales ofrecido por el sector público, es tan peligroso
como desorientador. El identificar a esta manifestación de
empobrecimiento como la causa raíz de los incendios, sólo
puede servir para desorientar las políticas públicas.
No será posible extirpar el problema con la prohibición
de la agricultura de roza-tumba y quema o de las quemas para limpiar
los terrenos. Independientemente de que estas medidas puedan ser
deseables, si pudieran ser consideradas obligatorias, su promulgación
solo incrementaría el sesgo de las políticas públicas
contra los mas pobres. En términos prácticos, también,
es importante evaluar la acusación de que esta gente es culpable
de causar los incendios: Normalmente, el campesino de pequeña
escala, quien limpia una hectárea o dos de vegetación
secundaria, procura controlar su incendio, porque las consecuencias
de que se extienda fuera de control son desastrosas para el mismo
campesino (por ej.: el secado de las corrientes subterráneas
con una reducción en el flujo de agua, menos vida silvestre
dada la menor cobertura, escasez de leña); las familias mas
pobres son las mas directa y seriamente afectadas cuando estos incendios
salen de su control. Durante décadas, si no es que más,
estos campesinos han sido muy responsables en el manejo de los fuegos
de tal forma que los hacen autolimitantes. En pocos casos, la resequedad
de la maleza cambió las condiciones de manera dramática,
como podría haber sido el caso en 1998, exponiendo los bosques
a impredecibles peligros para los cuales los campesinos no estaban
preparados.
8 El gobierno del Estado de Chiapas promulgó
cambios en sus límites geográficos mediante una emienda
de su Constitución en 1995, cambios que no fueron consultado
con el vecino estado de Oaxaca, que sería el perdedor de
aceptarse a nivel nacional.
9 Entre los problemas más importantes aumentando la vulnerabilidad
fueron: las lluvias abundantes de 1997 intensificaron la acumulación
de biomasa; las heladas del invierno de 1998 ocasionaron una desicación
de la vegetación; los fuertes y persistentes vientos de febrero
y marzo, a veces con la fuerza de un huracán, pero sin humedad;
las lluvias tempranas resultaron la mitad del promedio normal, y
en el norte del país simplemente no llovió; El Niño
causó muchos problemas graves, conduciendo a altas temperaturas
y una de las sequías más agudas del siglo; y, en 1998,
temperaturas altas récord en cada región del país
durante la época de estiaje. SEMARNAP (1998).
10 Cf. http://www.semarnap.gob.mx/naturaleza/emergencias/incendios/in-cifras.htm
28 de julio de 1998. Comparando, diez años antes, las cifras
de los incendios forestales eran similares a los reportado para
1998. En 1988, se reportaron afectadas 518,000 has sin alguna desgracia
humana. Eso es, 65,000 has menos que en 1998 cuando se mataron mas
de 70 personas durante las batallas para controlar los incendios.
Considerando esta información los datos de 1998 no parecen
creíbles.
11 Declaración final del CONAF, 30 de julio de 1998, difundido
en el internet por miembros ONG del Consejo.
12 En su explicación de las causas de los incendios de 1998,
la Secretaría publicó la siguiente lista: 54% fueron
resultado de actividades agrícolas y ganaderas, 16% a cambios
deliberados en el use del suelo (i.e. incendiando alguna superficie
para el cultivo o los pastizales) 10% por fumadores, 9% por fogatas,
2% por actividades forestales y la apertura de derechos de vía,
con 7% atribuibles a otras causas (sembradíos ilegales, ferrocarriles,
torres de transmisión eléctrica, etc.) SEMARNAP (1998).
13 Las políticas a que se refieren son, entre otros: precios
mínimos de garantía para los productos básicos
que no cubren los costos reales de producción, restricciones
sobre el acceso al crédito que evitaron que los de productos
de pequeña escala cambiaran de área de sembradío
o aumentaron su productividad, y políticas de comercio exterior
que determinó la importación masiva de alimentos baratos
y de baja calidad para ir reduciendo el costo del programa de subsidio
a las tortillas. Sin recursos para mejorar su producción,
muchos agricultores de subsistencia se ven obligados a continuar
sus prácticas tradicionales de roza-tumba-quema, sembrando
las nuevas parcelas en medio del bosque a medida que volvieron improductivos
sus viejas parcelas.
14 El equipo de Maderas participó en el grupo de trabajo
encargado de evaluar la situación en la Selva Zoque, que
incluye Los Chimalapas, El Ocote, Chiapas y Uxpanapa, Veracruz.
En su primera reunión, los funcionarios de la SEMARNAP presentaron
su estimación de 600 has dañadas en Uxpanapa, cifra
que se incluyó posteriormente en el informe nacional. Para
los que estaban en las actividades de combate de los incendios o
quienes habían viajado por la zona, la estimación
del daño fue mucho mayor; usando la base de datos del SIG,
Maderas estima que por lo menos 10,000 has. fueron afectadas. En
este caso, la propia Secretaría devolvió el reporte
a la oficina local para su revaloración.
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