|
LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA DEFORESTACIÓN
EN MEXICO: LOS INCENDIOS DE 1998 EN LA SELVA TROPICAL DE LOS CHIMALAPAS1
David Barkin
Miguel Angel García2
La deforestación es un proceso complejo, producto de la interacción
de numerosos factores sociopolíticos y económicos
con el medio natural. En México, una gran variedad de factores
están involucrados: disputas por la tierra, luchas para controlar
los gobiernos locales o lucrativos contratos de trabajo del sector
público, competencia por obtener permisos para cortar madera,
y el descontento con las arbitrarias (y frecuentemente injustas)
decisiones administrativas acerca del acceso al agua, o los medios
usados en la implementación de las decisiones para la protección
de ciertas áreas. En un último análisis, sin
embargo, dos problemas fundamentales se encuentran en el centro
de los procesos de deforestación: 1) la profunda inequidad
que caracteriza a la sociedad mexicana y la desventajosa posición
de las comunidades forestales en las negociaciones con los gobiernos
locales, estatales y federales, así como con el sector privado
que es el comprador final de sus recursos; y 2) el profundo desacuerdo
acerca de la importancia de proteger el medio ambiente y asegurar
su integridad para las futuras generaciones mientras se provee de
una razonable subsistencia bajo la base de los preceptos de la producción
sustentable.3
A medida que se intensifican los desacuerdos acerca
del control de los bosques y las adecuadas estrategias para su manejo,
los diferentes grupos intentan proteger sus intereses y obstaculizan
el avance de sus adversarios. Mientras que el campo de acción
en esta lucha es generalmente el mismo bosque, algunas veces los
perdedores obvios son capaces de tomar ventaja de una apertura política,
para llevar su caso a una audiencia mas amplia y ganar alguna ventaja
temporal. Sin embargo, inevitablemente, la lucha regresa a los bosques
causando un costo devastador con la aceleración aún
mayor del ritmo de la deforestación. Este año, los
cambios provocados por El Niño se unieron a la conspiración
contra los bosques, incrementando su vulnerabilidad, con la alteración
de los patrones climáticos, dejando los árboles especialmente
expuestos a los daños causados por incendios que en otras
circunstancias se hubieran extinguido por si mismos, o pudieran
haber sido fácilmente controlables.
La magnitud sin precedentes de los incendios de 1998
en los Chimalapas es una manifestación altamente visible
y extremadamente viciosa de las luchas políticas y sociales
en la región. Si bien es cierto que el fenómeno de
El Niño creó las condiciones propicias para elevar
el riesgo de incendio, aumentando el volumen de materia orgánica
seca en el piso de los bosques, fueron las condiciones socio-económicas
que surtieron el combustible que hicieron que las conflagraciones
ocasionaron los daños materiales y las desgracias humanas.
Los conflictos sociales están creciendo en intensidad como
resultado del rápido avance del proceso de la reforma neoliberal,
que se implementa para acelerar la integración económica
internacional que está polarizando a la sociedad mexicana.
En este ensayo, describimos las peculiares dinámicas del
proceso sociopolítico relacionado con los incendios y exploramos
sus implicaciones en una de las selvas tropicales mas grande que
subsiste en Norteamérica, los Chimalapas, y en el proceso
de deforestación en general. La región de los Chimalapas
es importante, no solo por la magnitud de su área de bosque
tropical intacta, sino también porque la inusual y diversa
concentración de flora y fauna hacen su aún gran biodiversidad
especialmente valiosa; también es el hogar de diferentes
grupos étnicos, los cuales han aceptado la responsabilidad
de conservarla, como parte de su lucha por proteger y fortalecer
su propia herencia cultural y productiva, lo cual le hace todavía
más especial.
La Selva Tropical de los Chimalapas
El bosque tropical de los Chimalapas está situado en el corazón
del Istmo de Tehuantepec, la estrecha franja de tierra donde el
Golfo de México mas se acerca al Océano Pacífico.
Históricamente, parte del estado sureño de Oaxaca,
sólo una pequeña fracción se localiza en el
estado de Chiapas. Incluso antes de que los nativos pagaran 25,000
pesos en oro para comprar los títulos de sus propias tierras
en el siglo XVII, llegaron numerosos fuereños, atraídos
por lo que ellos imaginaron era una fuente de inimaginable riqueza.4
Durante los siguientes siglos, la extraordinaria diversidad de los
recursos naturales atrajo un gran número de exploradores
para explotar los bosques. En las décadas mas recientes,
el vasto territorio desocupado se convirtió en un sitio ideal
para crear potreros de parte de ganaderos ansiosos de aumentar sus
hatos en el trópico. A pesar de las condiciones inhóspitas,
también atraía la colonización, tanto de asentamientos
espontáneos de personas provenientes de zonas con escasez
de tierra en los altos de Chiapas, como por la transferencia programada
oficialmente de campesinos y etnias de otras regiones del país.
Las fuerzas institucionales idearon una diferente
visión de la selva tropical de los Chimalapas. Los practicantes
y promotores del desarrollo lamentaron la falta de infraestructura
para controlar los vastos recursos hidráulicos de la región;
a principios de los 70s, bosquejando repetidamente planes para construir
un sistema imponente de seis presas interconectadas para almacenar
agua en los valles y cañones y luego transportarla a través
de un túnel de 40 kms. que suministraría agua a un
complejo petroquímico y regaría las planicies costeras
(en el pacífico) donde se pretendía sembrar cultivos
de exportación. Otro proyecto se inició a mediados
de los 80s, requiriendo de grandes inversiones en carreteras para
facilitar el corte y extracción de valiosas maderas tropicales
para exportación. Finalmente, intereses comerciales y ganaderos
consideraron a la selva tropical como un obstáculo a eliminar
como parte de sus ambiciones para la riqueza y modernidad; expresados
en sus planes de construir una autopista de cuatro carriles a través
de la intocada selva, desde los altos de Chiapas hasta el centro
de México desde hace casi un cuarto de siglo.
Actualmente, los Chimalapas comprende un área
cercana a las 600,000 hectáreas, y pertenece a dos comunidades
indígenas: Santa María Chimalapa que controla 460,000
has. y San Miguel Chimalapa con 134,000. Además de estas
dos comunidades que conforman cabeceras municipales, numerosos pequeños
asentamientos brotaron a lo largo de las laderas de los ríos
y en los valles; hoy existen 38 “congregaciones” formales,
creadas con la autorización de las autoridades locales, mientras
que otras 34 poblaciones están constituidas por colonos.
Muchas de las correspondientes al segundo grupo fueron formadas
como parte de los esquemas gubernamentales de colonización
mientras que otras fueron simplemente creadas por invasores; en
ambos casos, se apropiaron ilegalmente de tierras comunales y muchas
son controladas por intereses de ganaderos apoyados por grupos políticos
que activamente tratan de minimizar la efectividad de las instituciones
de usos y costumbres de las etnias. Actualmente, la región
esta habitada por alrededor de 18,000 personas, 3,000 en cada una
de las dos cabeceras municipales y las demás dispersas en
los asentamientos reconocidos. Una quinta parte de la tierra ha
sido deforestada para potreros.
Crisis, Conflicto y Conciliación
Durante años la región ha sido escena de conflictos
por el control de la tierra. La violencia se volvió cada
vez mas común, a menudo aprovechando las diferencias étnicas
como pretexto para las provocaciones. Para reducir estas tensiones,
en 1991, la población de origen Zoque, que hoy es sólo
un tercio, invitó a miembros de los demás grupos étnicos,
a campesinos y a mestizos a negociar pactos de convivencia; pero
en la actualidad es más difícil controlar la violencia,
porque sus raíces están firmemente enclavadas en una
industrialización ambiciosa y un programa de infraestructura
diseñado para transformar la región en un polo de
desarrollo para las grandes firmas internacionales. Exacerbando
la tensa situación, en 1995, el estado de Chiapas, modificó
su Constitución para redefinir de manera unilateral sus límites
territoriales, incluyendo no solo las 12,000 hectáreas que
históricamente habían sido reconocidas, sino adicionándose
otras 148,000 hectáreas que han sido objeto de disputas desde
el año de 1950 (inexplicablemente, las autoridades del estado
de Oaxaca no han respondido formalmente a esta acción).
En 1987, un encuentro de ambientalistas y académicos
preocupados por la protección de los Chimalapas resultó
decisivo en la formulación de una estrategia de largo plazo
para la protección y el bienestar de la población
local y la región. La participación repentina en esta
reunión de las autoridades comunales contribuyó a
forjar una amplia coalición que transformaría a los
planes para convertir la tierra zoque en una reserva de la biosfera;
de haberse concretado, hubieran removido las comunidades de la zona.
Se había convocado al encuentro como una respuesta a las
preocupaciones acerca de las consecuencias de décadas de
explotación maderera, colonizaciones, expansión de
la frontera agrícola y ganaderizacíon del sureste
de México; la selva tropical había venido desapareciendo
a una tasa alarmante.5
Durante los subsiguientes cuatro años los
ambientalistas y académicos se reunieron con las comunidades
para concertar un nuevo programa para la zona. A través de
una ONG local, Maderas del Pueblo del Sureste (Maderas), se propuso
una figura innovadora “Reserva Campesina de la Biosfera”
como alternativa social para proteger a las comunidades y la región
con su densa concentración de biodiversidad. La necesidad
de realizar una acción era lo mas urgente ya que previos
esfuerzos para proteger un ecosistema similar en la selva Lacandona,
mas hacia el sur, habían resultado inútiles a pesar
de que había sido decretada oficialmente área protegida
natural. Conforme exploraban las opciones, ONGs, académicos
y comuneros, se alarmaron con el avance de los planes de implementar
los tres proyectos de desarrollo arriba mencionados.
Esta colaboración con las comunidades marcó
un avance fundamental para la resolución de los conflictos
ambientales. La insistencia de las autoridades chimalapas de participar
en el diseño e implementación del plan de protección
y gestión era crucial en la formulación de la propuesta
final. La demanda para una Reserva Campesina constituiría
el objetivo central durante los próximos años para
la ONG, Maderas, la cual asumió la responsabilidad de coordinar
las actividades de grupos externos a la región con las comunidades.
Los apoyos de fundaciones y organizaciones internacionales,
junto con algunos fondos públicos, comenzaron a fluir para
la implementación de una gran diversidad de esfuerzos para
la conservación, producción y evaluación.6
Se había iniciado una infraestructura básica para
mejorar las condiciones de vida de la población local, mientras
que se habían creado pequeñas empresas para hacer
un mejor uso de los recursos que venían extrayendo y ofrecer
así mejores oportunidades a las comunidades. Asimismo, se
empezaron estudios para explorar este depósito natural de
biodiversidad. Con apoyo externo, los Zoque iniciaron un pequeño
programa para educar a sus niños en su propia idioma y para
promover su cultura, fortaleciendo las instituciones y autoridades
locales; sin embargo, no todos estos proyectos fueron fáciles
implementar, ya que los distintos grupos --comunidad, gobierno,
fundaciones, ONGs, y expertos independientes-- buscaban implementar
cada uno su propia agenda. Con el fin de establecer algún
orden y crear canales efectivos de coordinación y comunicación,
se crea en 1992 un grupo integrador, “El Comité Nacional
para la Defensa de los Chimalapas”, que contó con apoyo
de amplios grupos científicos, de la sociedad civil y aún
del gobierno. Esta iniciativa fue reforzada con el anuncio presidencial
de crear reservas ecológicas campesinas en el sureste de
México.7
El siguiente año, 1992, se aceleró
el proceso, ya que varias figuras públicas apoyaron los esfuerzos
innovadores de crear el plan de gestión. Se establecieron
compromisos para reforzar las iniciativas locales y promover negociaciones
para resolver los persistentes conflictos de tenencia de la tierra
y los desacuerdos políticos. Como medida de las buenas intenciones
del momento, el gobierno federal ofreció cambiar la ruta
propuesta de una nueva autopista de Chiapas hacia el centro del
país para no invadir a las comunidades, a pesar de que su
construcción sería mucho más cara y requeriría
de un viaje mucho más largo. Esta colaboración creó
un nuevo dinamismo que contribuyó a consolidar las instancias
comunales de gobierno y su capacidad de liderazgo, resultando en
un ejemplar programa de manejo de recursos a largo plazo. Maderas
ha madurado como una eficaz ONG, reconciliando las aspiraciones
comunales con la disponibilidad de recursos provenientes de fuentes
externas y apoyando de manera constructiva en la generación
de capacidades locales de gestión y administración.
1 Documento preparado a invitación del
Foro Intergubernamental de Bosques: Proceso Norteamericano, para
su presentación en el taller Norteamericano sobre las Causas
Subyacentes de la Deforestación y Degradación de los
Bosques, Winnipeg, Canadá, Octubre de 1998.
2 Profesor de Economía, en la Universidad Autónoma
Metropolitana - Xochimilco, México, D. F., y Director de
la ONG, Maderas del Pueblo del Sureste, A.C., México, D.F.
y Matías Romero, Oaxaca. Para comentarios por favor contactar:
barkin@cueyatl.uam.mx ó pacto@laneta.apc.org.
3 Consultar Barkin (1998) para mayor información sobre el
tema.
4 La corona española publico un titulo colectivo de “360
leguas cuadradas” (mas de 900,000 has.) de bosques “para
todos los vecinos y sus descendientes del pueblo de Santa María
Chimalapa,” miembros de la etnía Zoque, en compensación
por el oro pagado por Don Domingo Plácido en 1687. (Archivo
General de la Nación, 1937. Copia certificada del titulo
de propiedad común). [El valor de dichas piezas de oro 300
años más tarde es probablemente equivalente a cerca
de un millón de dólares, si las piezas fueran de un
peso estándar, equivalente al centenario de hoy.]
5 Hay una extensa literatura sobre la "ganaderización"
de la producción rural y los esfuerzos de los ganaderos para
reclamar superficies forestales para sus hatos. Véase, por
ejemplo, Feder (1972) y Fernández Ortiz y Tarrío García
(1983) para los casos mexicanos. DeWalt (1983) y Barkin, Batt y
DeWalt. (1991) ofrecen una visión global del mismo fenómeno.
6 Los apoyos más importantes fueron otorgados por el Fondo
Mundial para la Naturaleza (WWF), la Fundación Rockefeller,
el Instituto Synergos y la Agencia para el Desarrollo de Ultramar
del Reino Unido (ODA).
7 El Comité y la ONG local, Maderas del Pueblo del Sureste,
son ejemplos importantes de una nueva forma de protagonismo social
en México que contribuyen a facilitar la implantación
de un modelo de desarrollo sustentable, alternativa al model neo-liberal
de integración económica internacional. Para una discusión
del Comité, véase Umlas (1998).
|