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Nuestras preocupaciones centrales en torno al
Istmo de Tehuantepec.
Los diferentes planes y proyectos de desarrollo del
Istmo de Tehuantepec, consideramos que tendrán como escenario
el marco de los cambios a nivel mundial, generados por las necesidades
de expansión y acumulación del gran capital. Esta
premisa de carácter económico, nos induce a considerar
que la apertura al paso del tránsito mundial con el corredor
transoceánico Salina Cruz Coatzacoalcos, estará determinado
por el interés del tráfico mundial global más
que por la mera existencia de la vía interoceánica
mexicana. Sobre todo si tomamos en cuenta que el 72% del comercio
mundial se realiza entre los países que producen con cerca
de la quinta parte de la población el 80% del PIB mundial.
Una aproximación en el aforo de este tráfico mundial
nos indica que el flujo comercial por el Canal de Panamá
es de 3 millones de TON-U’S/año en tanto que la distribución
física internacional de carga por puertos terrestres en Estados
Unidos es de 9 millones de contenedores anuales a través
de ferrocarril y autotransporte. El cuantioso flujo comercial y
los intereses económicos de las grandes potencias nos permite
considerar que tan solo la posición geográfica del
Istmo no garantiza su naturaleza y carácter de ocurrencia
estratégica.
El planteamiento anterior parecería un tanto
pesimista. Sin embargo, si nos remitimos a la experiencia de lo
que es y representa hasta ahora el istmo mexicano, nos daremos cuenta
que a pesar de una política hacendaria favorable para el
desarrollo industrial, creación de infraestructura portuaria
y de transportes y sobre todo el motivo financiero más grande
del país contenido en la explotación y refinación
petrolera en el sureste del país en cuanto a sus alcances
consideramos que han sido muy limitados sobre todo si tomamos en
cuenta que lo que más se ha logrado, es una red de centros
que caracteriza la economía istmeña con enclaves de
centros de población en los extremos del istmo que concentran
el 50% de la población total y han desencadenado fuertes
procesos de atomización en más de 5,100 comunidades
rurales. Mostrando con ello tendencias que dificultan la estructuración
autónoma de la gran zona sur y sureste mexicana. Camarena
y otros (1998).
En los casos de integración y contribución
de los sectores productivos más dinámicos a la economía
regional han sido también muy limitados, pues aún
en el periodo de mayor bonanza en el caso del sector petrolero,
solo contribuía con el 12% de su producto total. Cantidad
que representa compras dentro de la región. Consecuentemente
el impacto del sector petrolero sobre los demás sectores
fue mínima. Así un aumento de un peso en la demanda
final del sector producía en total, solamente un impacto
de 3.6 centavos más. Jhabvala (1982). En suma, podemos considerar
que el puente terrestre o corredor interoceánico mexicano
del Istmo de Tehuantepec, atraviesa diversas regiones geográficas
y culturales y no las integra por el mero hecho de poseer dichos
recursos naturales ni mucho menos por localizar en este corredor
transoceánico.
En el marco de la apropiación social de la
naturaleza, consideramos que la sociedad istmeña enfrenta
distintas lógicas en el uso y disposición de los recursos
naturales. En una, la de la cosmovisión indígena en
la cual históricamente el entorno ecológico ha significado
para las comunidades sobre todo rurales un medio de vida y de continuidad
social. En tanto que, la lógica occidental de producción
máxima, considera el potencial de recursos y sus ventajas
comparativas, medios concentradores de riqueza y de poder económico.
No obstante las diferentes lógicas y culturas inclusive antagónicas,
existen espacios incidentes y ámbitos culturales concurrentes,
como resultado de las relaciones de producción establecidas
en la sociedad genérica mexicana, cuyas fuerzas de la supremacía
capitalista, han condicionado y subordinado a las fuerzas político-sociales
de las comunidades indígenas. Desafortunadamente tal proceso
ha implicado una imposición un estilo de vida urbano industrial
que en su afán de una apropiación excedentaria de
biomasa de la sociedad con relación a su producción
biológica, ha incurrido en una devastación ambiental
al atentar contra los limites del aprovechamiento y rebasar los
umbrales de la renovabilidad o bien, con la producción de
desechos contaminantes urbano industrial se ha llegado mas allá
de la capacidad de confinamiento, absorción y dilución
de su espacio ambiental. Consecuentemente es posible advertir que
los ecosistemas istmeños se encuentran sujetos a la degradación
o extinción inclusive, a menos que los propósitos
sociales, expresados en los sistemas de producción sean llevados
a una condición ecosistémica sustentable.
III.- Reflexiones en torno a los macroproyectos
en el sureste mexicano.
En el ámbito de cuatro entidades de extraordinaria
riqueza natural y cultural, se establecen los comentarios referidos
a los llamados proyectos estratégicos, macroproyectos o megaproyectos
provenientes de la política centralista de Estado. Tales
proyectos por mas que nos han vislumbrado con escenarios virtuales
en la que se señala: Que: “ nos ha llegado la hora
del desarrollo” lo cierto es que, a lo mas que se ha logrado,
con esta política estatista es a lo que yo le llamo efecto
“viagra”; esto es, una vitalidad inmediata pero fugaz
y dependiente con la consecuente cruda regional permanente, manifestada
en una acentuada pobreza, resquebrajamiento económico, político,
social y cultural. No obstante, se insiste en más y más
proyectos de esta naturaleza en la que se impone un llamado interés
nacional a los de carácter regional, estatal y comunitario.
En este sentir regional han desaparecido unos y emergen
otros proyectos con renovado brío. Este tipo de proyectos
manifiestan en distintos lugares de la región sureste a partir
de las explotaciones petroleras en Veracruz, Tabasco, Chiapas y
Campeche de infraestructura para la refinación petroquímica
en los complejos de Pajaritos, Cosoleacaque, Cangrejera, Morelos
y la refinería Antonio Dovali Jaime en Oaxaca; las plantas
hidroeléctricas Netzahualcoyotl, la Angostura y su complemento
Belisario Domínguez en Chiapas o bien los proyectos enclaves
de alto turismo en Cancún y Bahías de Huatulco proyectos
cuyos efectos de estos últimos, cambiaron las cosechas de
cultivos básicos por las cosechas de propinas.
Pero emergen propuestas de proyectos macroregionales
como el proyecto turístico denominado La Riviera Maya, proyectos
transístmico Alfa-Omega, segunda etapa de la refinería
en Salina Cruz y el complejo siderúrgico mixteco-zapoteco
en el Istmo de Tehuantepec.
Independientemente de que se logren o no y que se
propicie una degradación entrópica con su implantación.
Lo cierto es que en la gestión, formulación y ejecución
de proyectos el sector socio-comunitario no se le toma en cuenta,
de tal manera que jamás se sabe que si en dichos proyectos
son estratégicos para quien, definidos por
quien, capitalizados por quien o quienes y sufridos por quien o
quienes.
En lo que respecta a los planes de desarrollo Estatal
hasta donde se ha podido investigar no existe una política
clara de cooperación regional para atender problemas comunes
que los aquejan como contaminación y deterioro de los recursos,
un déficit en las economías regionales que eximen
indiscutiblemente complementariedad regional, combate a la pobreza
extrema, proyectos necesarios, que si, nos pueden conducir a la
conjunción de esfuerzos de carácter macroregional.
Tampoco existe un frente común para gestionar
y negociar proyectos que emerjan de necesidades conjuntas sureñas,
a lo mas que se ha podido llegar, es, a una negociación de
mayores participaciones federales para remunerar mezquinamente a
la entidad en turno, de acuerdo a la dimensión perversa y
degradación ambiental alcanzada.
Solo quiero precisar que en las condiciones de política
de Estado, si es posible ganar espacios de gestión y negociación
regional, siempre y cuando existan líderes con alto sacrificio
político para promover las organizaciones de base, y que
los intelectuales hechos y en formación, mantengan el espíritu
crítico no tan solo para una mayor concientización
sino para una mayor movilización social para atender las
necesidades regionales. Pues de otra forma se corre el riesgo de
que en la naturaleza de los macroproyectos emergentes de alcance
inter. e intrageneracional alguien esta decidiendo por nosotros.
Por último considero que lejos de irnos con
las promesas de los macroproyectos emergentes quienes con su virtualidad
nos conducen a escuchar el canto de las sirenas, debemos acogernos
a la sabiduría popular contenida en su refrán que
nos dice “cuando el milagro es muy grande uno empieza a dudar
del santo”
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