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3. DESARROLLO REGIONAL
3.1 PLANTEAMIENTOS PARA LA FORMULACIÓN DE UN PROYECTO EN CIENCIAS
SOCIALES SOBRE LA REGIÓN DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC
Eric Léonard
Alain Musset
André Quesnel
Hipólito Rodríguez
Zona estratégica y espacio de enlace entre dos mares, el Istmo
de Tehuantepec ha sido objeto, a lo largo de su historia, de múltiples
proyectos de organización. Como territorio, ha sido objeto de diversas
formas o modos de regulación sociopolítica, que han influido sobre
su figura espacial y su organización social. Desde nuestra perspectiva,
es necesario apelar al conocimiento geográfico para apreciar de
modo más preciso la especificidad histórica de cada una de las formas
de organización territorial que han sido diseñadas para aprovechar
las posibilidades que ofrece el Istmo. El proyecto de investigación
que estamos construyendo en torno a la problemática actual del Istmo
postula precisamente a la identificación de las diversas estrategias
de aprovechamiento del territorio que ha habido en el curso del
tiempo, como la clave que permitiría un trabajo de indagación colectiva
en la región.
El Istmo, por naturaleza, constituye un lugar de paso: un estrechamiento
o faja de tierra que enlaza a través del mar universos mucho más
amplios. Si adoptamos una perspectiva geográfica que modelice las
relaciones territoriales que se construyen en el istmo, cabe reducir
la complejidad espacial a tres modalidades: la línea que, a través
del estrecho, une a ambos litorales; los puntos que se sitúan en
los extremos de la línea y constituyen nudos estratégicos; y el
espacio (o región interna) que se encuentra entre esos dos puntos
y cuyo ámbito es atravesado por esa línea. En el curso del tiempo,
estas modalidades han sido alternativamente privilegiadas por los
proyectos públicos y privados de desarrollo, sea que se priorizara
la línea (ferrocarril, carretera, canal), los puntos (puertos marítimos),
o espacios internos (sub-regiones del Istmo). Cuando las fuerzas
externas a la región poseen mayor fuerza, son los puntos (los puertos)
y la línea que los une los que reciben más atención. Por el contrario,
cuando los puntos se debilitan, son las fuerzas internas (la región
y sus agentes) los que adquieren fuerza y configuran con mayor vigor
a su espacio.
El Istmo siempre ha dado origen a preocupaciones por la soberanía,
la capacidad de control o determinación de lo que ocurre en sus
inmediaciones. La línea constituye una fuerza desterritorializadora:
los agentes externos que la promueven, pueden actuar en contra de
los intereses locales, y desatar procesos de fragmentación y segregación.
Como se sabe, en el curso de su historia el Istmo ha sido un territorio
codiciado por las fuerzas no locales que buscan contar con vías
de paso a sus intereses globales. En este sentido, ha sido objeto
de múltiples proyectos de control adversos a las fuerzas locales.
Después de su derrota en 1848, México tuvo necesidad de reconocer,
escribió Jean Revel Mouroz, a Estados Unidos el derecho de construir
un ferrocarril en el Istmo de Tehuantepec y de hacer transitar por
ahí tropas y armas en todo momento. Los políticos norteamericanos,
expusieron sus puntos de vista acerca del papel estratégico del
istmo:
Todo istmo es tanto más importante cuanto menor es su lejanía
de los estados Unidos. Un canal en Tehuantepec, seria una prolongación
del Mississippi y haría del Golfo un gran lago americano.
Porfirio Díaz, sigue diciendo Mouroz, decidió tomar la delantera
a toda iniciativa de este genero, recurriendo a las compañías privadas
norteamericanas, y otorgo la concesión del ferrocarril del Istmo,
sucesivamente, a seis empresas entre 1878 y 1893. La línea fue terminada
en 1894, pero no era eficaz porque carecía de verdaderos puertos
en sus dos extremos. Una compañía inglesa con fuertes intereses
en la explotación petrolera, dirigida por Wheetman Pearson, se encargó
de construir los muelles necesarios y los puertos y de explotar
la línea. Durante algunos años, la línea y los puntos preponderaron
sobre la región. Los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos vivieron
un tiempo de intensa actividad conectando el trafico de mercancías
entre la costa este de los Estados Unidos y la cuenca del Pacífico
oriental. De manera contingente, la línea del ferrocarril transístmico
propició la llegada de múltiples compañías extranjeras que buscaban
adueñarse de las tierras atravesadas en vista de un posible desarrollo
de una agricultura de plantación comerciable a lo largo de la vía
férrea . Sin embargo, estas esperanzas se vieron frustradas: a las
dificultades que oponía el mantenimiento en buen estado de las instalaciones
portuarias, se sumó la apertura del canal de Panamá en 1914, la
inseguridad ligada a la revolución y el desinterés de los gobiernos
postrevolucionarios por renovar las instalaciones ferroviarias.
Los intereses de la burocracia política y los grupos empresariales
sobre la región volvieron a poseer significación muchos años después,
cuando una nueva fase de desarrollo de las infraestructuras de comunicación
y de auge de los precios de las materias primas le devolvieron importancia
a dos recursos estratégicos del Istmo: el petróleo y la tierra agrícola.
Hasta mediados de los años ochenta, el desarrollo regional siguió
modalidades que, considerando las formas de intervención del Estado
y su impacto sobre la construcción de espacios y territorios en
la región, se podrían caracterizar como un modelo vertical de regulación
socioeconómica y puntual (o nodal) de organización territorial:
el Estado enfocaba sus intervenciones, a través de un número limitado
de mediadores (principalmente, en la vertiente veracruzana del Istmo,
la burocracia y el sector paraestatal – Pemex, la CNA, la Comisión
del Papaloapan -, el sindicato petrolero y los grandes ganaderos
representados por la Unión Regional Ganadera del Sur de Veracruz),
a nivel de un número igualmente limitado de polos de desarrollo
(corredor industrial Coatzacoalcos-Minatitlán, puerto de Salina
Cruz principalmente, el valle del Uxpanapa en el medio rural).
En el curso de los últimos quince años sin embargo, la contracción
del Estado, la privatización o la disolución de numerosas instituciones
públicas o paraestatales de desarrollo, así como la apertura del
juego político a nivel nacional, han inducido profundas alteraciones
a este modelo. Por una parte, el debilitamiento de los grupos corporativos
que regulaban el sistema político regional (SNTPRM, UNGRSV), la
implementación de las políticas de descentralización y el desarrollo
concomitante de nuevos grupos de poder (profesionistas, comerciantes,
empresarios agropecuarios, grupos indígenas, movimientos ecologistas)
postulan una recomposición de los sistemas de regulación sociopolítica,
en el sentido de una organización reticular, más horizontal, que
devuelve un papel rector a los territorios (municipios, micro-regiones)
del Istmo. Por otra parte, las transformaciones del entorno macroeconómico
(con la implementación de un macro-proyecto de comunicación transístmica,
el desarrollo rápido y “explosivo” de las migraciones hacia Estados
Unidos y la frontera norte, por mencionar tan sólo sus expresiones
más relevantes) postulan una reestructuración de los espacios y
territorios que había creado el modelo anterior.
Dentro de este contexto socioeconómico, el espacio istmeño tiende
a recomponerse. A este respecto, dos posibles tendencias se dibujan:
por un lado, la creación de un corredor de comunicación transístmico
se puede traducir en un “efecto túnel” (modelo lineal), dinamizador
de los puntos situados a las extremidades y sobre el eje de dicho
corredor, pero cortado en lo fundamental de su entorno regional,
particularmente rural; por otro, el nuevo papel de los municipios
y los grupos de poder que a esta escala se consolidan puede dar
lugar a la conformación de nuevos territorios, articulados en torno
a redes sociales, económicas y políticas, y a efectos de sinergia
sobre el desarrollo regional (modelo espacial). A este respecto,
se debe de prestar una atención especial a las dinámicas que se
generan en torno a los pequeños y medianos centros urbanos del hinterland
(Acayucan, Matías Romero, Jesús Carranza, etc.) y a su desarrollo
como centros dinamizadores o, a contrario, como refugios. Asimismo,
la intervención de actores exteriores a la región (firmas transnacionales,
instituciones internacionales, ONG) tendrá un impacto directo sobre
estos procesos.
El proyecto de investigación que presentamos retoma,
por un lado, los planteamientos expuestos acerca de las formas de
organización espacial remanentes del modelo anterior o que se están
gestando: devenir de los puntos nodales del modelo de regulación
vertical (Corredor Coatzacoalcos-Minatitlán, puerto de Salina Cruz);
condiciones e impacto de la creación de un eje de comunicación transoceánico
(modelo lineal); condiciones y dinámica de la recomposición de los
antiguos territorios y de la creación de nuevos (modelo espacial
y reticular). Por otro, se enfoca hacia las formas de organización
social, política y económica que surgen en el marco de un nuevo
modelo de regulación, en el que se da a los actores y corporaciones
privados un papel rector. Dicho análisis puede centrarse en las
dinámicas que se generan a nivel de pequeñas regiones del conjunto
del Istmo (en su parte veracruzana, tres micro-regiones rurales
están contempladas: la zona adyacente a la cuenca de extracción
petrolera de Coatzacoalcos – municipios de Ixhuatlán y Moloacán;
el municipio de Playa Vicente; y el municipio de reciente creación
del Uxpanapa – antes distrito de drenaje del Uxpanapa). Asimismo,
y de manera complementaria, se puede enfocar hacia grupos o redes
de actores cuya influencia e intervención tienen un impacto a nivel
del conjunto regional: redes empresariales de fomento de cultivos
comerciales (plantaciones forestales, hortalizas, granos) o comerciales
(como, por ejemplo, los comerciantes zapotecos que están presentes
de un extremo al otro del Istmo); redes migratorias nacionales e
internacionales; redes político-administrativas (como la asociación
civil “Autoridades del Istmo de Tehuantepec”, que acaban de crear
una docena de alcaldes oaxaqueños y veracruzanos); movimientos indígenas;
movimientos ecologistas. Un tercer enfoque, macro-regional, puede
abarcar asimismo los cambios que se generan en la estructura territorial,
a través de la conformación de redes territoriales (red de ciudades
medianas por ejemplo) o a través de las dinámicas políticas que
surgieren los comicios electorales.
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