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3. 5 PERSPECTIVA ETNICA Y DESARROLLO REGIONAL

EN EL ISTMO

Antrop. Pedro Arrieta Fdez.

Investigador del CIESAS

Xalapa, Ver.1

A)Antecedentes

La región del Istmo de Tehuantepec, comprendida entre el Golfo de México y el Océano Pacífico2, ha venido atrayendo fuertes volúmenes de recursos financieros y humanos para la operación de industrias y diversos planes agropecuarios, comerciales, petroleros y de comunicación transístmica. Tales acciones no se han caracterizado precisamente por una articulación, ni por responder a objetivos comunes explícitos, ni a una planificación expresa, lo que está produciendo síntomas palpables de desequilibrio regional que involucra directamente a la población indígena.

La depresión limitada por la Sierra Madre de Oaxaca, Sierra Atravesada y Sierra Madre de Chiapas, constituye un corredor interoceánico donde se hallan los principales centros comerciales, políticos e industriales de la región donde se están concentrando los programas de inversión. Las laderas de las Sierras citadas constituyen las dos terceras partes de la extensión territorial del Istmo, donde hasta el momento no se han realizado inversiones destacables y donde predomina la forma campesina de explotación de la tierra. Ambas áreas, la depresión central y las laderas montañosas, constituyen una región natural (Bassols Batalla) y durante siglos fue una región económica para las diferentes etnias que la habitan.

Como ruta de comunicación interoceánica, la depresión central del Istmo ha atraído por siglos el interés de gobiernos mexicanos y extranjeros. Desde el interés mostrado por Cortés en sus relaciones al rey de España y la inspección ordenada por el Virrey Bucarelli en 1778 hasta la inauguración del ferrocarril transístmico en 1907 la zona fue valorada primordialmente como una ruta de comunicación.

Por los indicios hallados de existencia de petróleo, la compañía inglesa Pearson and Son que había construido el ferrocarril centró su interés en la explotación petrolera pasando ésta a ser considerada la principal riqueza del Istmo; no obstante, nunca se abandonó la perspectiva comercial de la zona para su explotación como ruta internacional.

Los movimientos sociales y políticos, en ocasiones armados, que periódicamente se han dado en la región han sido otro motivo de interés y preocupación para los gobiernos del país y de los estados de Oaxaca y Veracruz; han sido movimientos primordialmente agrarios, pero con fuertes tendencias autonómicas que continúan presentes en la cultura popular. En este sentido destacan la rebelión de Tehuantepec en 1660; los levantamientos indios en defensa de los bienes comunales y la administración de las salinas, durante el siglo pasado; los movimientos rebeldes por la restitución de tierras iniciados en Acayucan en 1906 y las posteriores reivindicaciones agrarias en el norte y sur del Istmo no pueden considerarse resueltos ni siquiera encauzados por el aparato político formal.

Tras la inauguración del ferrocarril en 1907, la región istmeña experimentó un auge comercial e inmigraciones colectivas de diferentes países, auge que a partir de 1915 se vino abajo dejando un sinnúmero de efectos indirectos principalmente para la población indígena y cuyo análisis se considera importante para prever y medir fenómenos similares en la actualidad.

En la región del Istmo se han dado multiplicidad de planes y programas, con frecuencia inconexos y algunos ejecutados durante el siglo XX; los más destacables son:

Plan de la Decavía para transporte de buques por el Istmo de Tehuantepec (1948)

"Plan Oaxaca", estudios financiados por la Secretaría de Patrimonio Nacional y la FAO de las Naciones Unidas que fueron terminados en 1967.

Creación de la Comisión Coordinadora para el Desarrollo del Istmo de Tehuantepec, en 1972; elaboración del "Plan para el Desarrollo Integral del Istmo de Tehuantepec", en Noviembre de 1976; desintegración de la Comisión Coordinadora en Diciembre de 1976, entrega de instalaciones de la ExComisión al Instituto Nacional Indigenista y creación de siete Centro Coordinadores en el Istmo (1977-78)

Periódicamente en el Istmo se han anunciado grandes inversiones y proyectos de idílica prosperidad siempre fundamentados en la idea de una vía transístmica y una rentable industria petroquímica. Baste recordar el sexenio del presidente López Portillo (1979-1984) cuando se preveía convertir el Istmo de Tehuantepec en un emporio capitalista con la esperanza de atracción de capitales y rápido crecimiento económico, a lo cual contribuirían el acondicionamiento de los puertos industriales Laguna Ostión y Salina Cruz, el Ingenio Azucarero de Juchitán, la operación de los canales de riego de la Presa Benito Juárez, la puesta en marcha de la gran central de maquinaria del Istmo y la construcción de las presas Las Pilas, la Chimalapas y la Cerro de Oro para la habilitación de 5,000 ha. para ganadería y otras 7,500 para la producción de granos.

B)     La Cuestión Etnica en el Istmo de Tehuantepec

Esta región de estudio, desde épocas inmemoriales, ha sido asentamiento de diversos pueblos, zapotecos, mixes, zoques, tequisistlecos (chontales), popolucas, nahuas, huaves... entre los cuales los zapotecos ejercieron cierto predominio desde la época prehispánica. El imperio azteca mantuvo control del área durante el siglo XV debido, probablemente, a su ubicación estratégica como vía de comunicación e intercambio comercial con el Soconusco. Es decir, la problemática social y política entre los pueblos colindantes del Istmo y de éstos con un sistema de dominio externo es multisecular, aunque los términos de la problemática actual difieren substancialmente.

A partir de la Colonia y hasta principios de este siglo la mayor atracción de interés de la región fue su ubicación interoceánica por sus posibilidades como vía de comunicación y comercio. Desde mediados del siglo pasado los diversos gobiernos del país han impulsado un proceso de modernización en el que se han visto involucrados de manera dispar todos los grupos étnicos del área. El proceso de modernización ha ido acompañado de políticas de asimilación e integración cultural, así como de expoliación de recursos principalmente tierras consideradas propias. No obstante, los distintos pueblos del Istmo muestran sus peculiaridades étnicas, han fortalecido los rasgos de su identidad y han generado nuevas organizaciones de tipo étnico para cubrir requerimientos de desarrollo y autogestión. Esta es la tesis que quiero destacar en este escrito.

Pueden señalarse tres fases en este proceso de desarrollo en las cuales la presencia étnica ha tenido una participación distinta y que han condicionado las relaciones sociales y el mismo control de la reproducción étnica en la región:

1ª Comunicación Interoceánica, entre 1853 y 1915.

2ª Reforma Agraria e Impulso Agropecuario, a partir de la Revolución Mexicana.

3ª Industria Transformadora (destaca la petroquímica), en continuo auge a partir de la década de los sesentas.

Cada una de estas fases  comprende una fuerte variedad de factores y condicionantes económicos y políticos en los que se han visto involucrados los grupos étnicos con respuestas y participación de diferentes tipos, no bien conocidas:

En la primera fase destacan: la intervención directa del gobierno para expropiación de tierras y su concesión para construcción del ferrocarril; inmigración de personal técnico extranjero, de trabajadores chinos y negros, de comerciantes árabes y europeos; empleo de la población local como peones y servidumbre; florecimiento del comercio y comunicación; venta de tierras a compañías principalmente norteamericanas; desarrollo de nuevos productos como el café; según Anya Peterson3 "el estilo" zapoteco se desarrolla en este periodo debido a la interacción, temprana prosperidad y cierta autonomía local.

La segunda fase se caracteriza por restitución y cambio en la tenencia de la tierra; tecnificación progresiva de la agricultura y sistemas de riego; presencia estable de organismos oficiales, de servicio y control, como centros educativos, de salud, ejército, etc.; intentos de planeación del desarrollo por parte del Estado a través de proyectos comunitarios e intermediación étnica a cargo de la Comisión del Istmo y del Instituto Nacional Indigenista; incremento del comercio interno regional  y de manufacturas artesanales.

En la tercera etapa esta región del Istmo adquiere relevancia en la vida nacional por el aumento demográfico e industrial y su potencialidad turística; pero no es tanto el cemento, el azúcar o la petroquímica lo trascendental para el país, cuanto la dinámica política y la presencia de movilizaciones populares donde un ingrediente básico son las relaciones y características étnicas que involucran; son procesos que en este momento se encuentran en intenso desarrollo.

En estas fases los procesos de organización y movilización étnica se desarrollan de forma continuada sin periodización precisa. Se considera aquí que en la segunda fase, el periodo agrario, significa un momento fundamental y coyuntural en el desarrollo de los procesos étnicos del Istmo por representar por un lado un fortalecimiento de la cultura material de las poblaciones étnicas en unos casos, pero de crisis y marginalización en otros y, por otro lado, la consolidación de relaciones sociales e ideológicas étnicas en las que tienen arraigo las movilizaciones y luchas sociales que se manifiestan con mayor intensidad en la tercera fase. Esta consideración toma en cuenta la intensidad de los contactos sociales y las respuestas étnicas a los mismos durante el medio siglo anterior que implicaron capacitación tecnológica, desarrollo comercial, surgimiento de clases sociales y relaciones de explotación y otros múltiples fenómenos sociales.

En la fase agraria la disponibilidad de tierras, la posibilidad de acceso a ella, así como la capacidad de asignación de la misma a los miembros del grupo étnico, tiene importancia crucial para la estructuración de la vida económica, social, política y religiosa de las etnias del Istmo. En este periodo las luchas por disponibilidad de tierras y por determinado régimen de tenencia representa no sólo la posibilidad de sustento de las unidades socioeconómicas campesinas, sino sobretodo representa la capacidad de cada uno de los grupos étnicos para controlar su propio desarrollo social y el dominio político en la región; es decir, la tierra es el elemento cultural eje tanto para la integración de cada grupo étnico como condicionante de las relaciones inter-étnicas entre las etnias vecinas y la sociedad nacional.

El poder de distribución de la tierra tras la revolución, estaba en manos del Estado. Pero la tierra significaba no solo el acceso a terrenos de cultivo, implicaba también la disponibilidad de montes, lugares arqueológicos e históricos, ciertas playas y áreas costeras, salinas y otros baldíos de interés no tanto individual cuanto para el grupo.

Dada esta trascendencia de los suelos como elemento cultural conformador de la estructura social y de las relaciones interétnicas considero que este es el eje conductor a partir del cual analizar las organizaciones étnicas y regionales. En los casos extremos de asignación agraria en este periodo los zapotecos fueron relativamente beneficiados en tanto la etnia huave vio irse reduciendo su prístino territorio a áreas de menor fertilidad y de difícil acceso.

Pero la disponibilidad de tierras no constituye toda la problemática de los pueblos del Istmo, es sólo el eje como instrumento de investigación. La modernización del istmo en sus diversas fases ha exigido de las etnias sucesiva extracción de sus recursos, tierras, aguas, salinas, fuerza de trabajo, etc., bajo diversos motivos. Las actividades de desarrollo sistemáticamente han ignorado los derechos étnicos de la población considerándola un insumo más del proceso productivo. Sería simplista ignorar el sentido de clase de las reivindicaciones y movilizaciones étnicas en el Istmo, como también lo sería reducir el problema a una lucha económica en defensa de los recursos materiales; según esto ¿cuál es el sentido de las demandas que hacen los grupos étnicos al Estado? ¿Pueden distinguirse las reivindicaciones étnicas de las reivindicaciones como clase social?

 

 

1 Only time would reveal the extent to which the altered sociosystem and ecosystem might allow for such a reversion" Yudy Anne Harper. 1986

2 El Istmo de Tehuantepec geográficamente comprende un área de 370 km. en sentido de E-SE a W-NW  y 140 km. de N a S entre los 96º30' y 93º longitud oeste de Greenwich. En su parte meridional, costa del pacífico (350 km.), el punto medio corresponde a la Bahía de la Ventosa formada por la desembocadura del Río Tehuantepec. En el Golfo de México, la costa del Istmo (215 km.) se extiende desde la Laguna del Ostión hasta la Barra de Tonalá en la desembocadura del río Coatzacoalcos.

3 Peterson Royce, Anya: Prestigio y Afiliación en una Comunidad Urbana, Juchitán, SEP-INI, Méx.1975

 
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Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social
Unidad Golfo
Xalapa, Veracruz, México