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2.- Un "Nuevo" Megaproyecto para el
Istmo de Tehuantepec
Después de varios intentos de realización de proyectos
transístmicos en Tehuantepec durante el siglo XIX, todos fracasados,
y de formulaciones que no pasaron del papel a mediados del siglo
XX, pasando por el interregno del ferrocarril porfiriano de principios
de siglo, se arriba en los últimos 30 años al afinamiento de una
renovada propuesta sobre el Istmo de Tehuantepec.
Para mediados la década de los años setentas se
iniciaban las construcciones petroleras de Cangrejera y la refinería
de Salina Cruz. En 1977, los puertos industriales y petroleros de
Coatzacoalcos y Salina Cruz son concebidos como los extremos de
un ambicioso proyecto llamado Servicio Multimodal Transístmico,
conocido popularmente como “Alfa-Omega”, cuyo eje era el de proponerse
como una alternativa terrestre al Canal de Panamá 13.
Si bien la perspectiva resulto adecuada con el tiempo, en ese entonces
era un proyecto inmaduro; para realizarlo se requerían transformaciones
jurídicas, administrativas y fiscales nacionales, además de políticas
sociales y ambientales claras y de envergadura que remontaran atrasos
y rezagos. Lo único que había eran ideas, voluntad y alternativas
tecnológicas, además de que se perfilaba un cambio dramático en
la situación político-económica internacional que darían la visión
de “marco de necesidad objetiva” a la comunicación transístmica
14.
Los aproximadamente 3 millones de hectáreas ístmicas
que nos ocupan han sido una zona de asentamientos humanos antiguos,
aunque no muy densos; es decir, que ahí hay 3 mil 500 años de poblamiento
constante, hasta donde hoy se sabe 15.
Del siglo XVI en adelante la población istmeña, sobre todo indígena
pero también negra y mestiza, ha estado coercionada por ciclos económicos
marcados con pesos relativos espaciales y temporales diferenciados,
tanto en la vertiente norte como en la sur. Estos ciclos fueron
orientados por el cultivo del cacao, tabaco, algodón, ixtle, caña
de azúcar, pimienta, añil, café, pasturas, arroz y ajonjolí, con
el maíz de acompañamiento y autoconsumo; mientras hay maíz, algo
todavía funciona. A los anteriores se les entrecruzó la extracción
de sal, oro, maderas finas, petróleo, puzolana, cal, mármol y la
imposición paulatina de ganadería en el trópico. Estos procesos
productivos escalonados y/o combinados, según los casos, conjuntamente
con sistemas de comunicación y servicios más eficientes y adquisiciones
tecnológicas más complejas fueron creando formas diferenciales de
acceso y uso de la tierra, tanto a nivel rural como urbano. De la
hacienda colonial con sus encomiendas y esclavos, y las congregaciones
con manto evangelizador a la pequeña propiedad, el ejido y la comunidad
actual implicó múltiples transformaciones. Hoy, en el Istmo, predomina
la propiedad social de la tierra con 1,230 núcleos agrarios de los
cuales el 95 % son ejidos y 5 % comunidades. Sin embargo solo 249
núcleos agrarios están en municipios que tienen del 51 % al 100
% de población indígena estimada; otros 73 núcleos están en el rango
de 31 a 50 % y 908 con 30 % y menos. Es decir que los mayoritariamente
excluidos en el proceso histórico de apropiación de la tierra han
sido, en este siglo, los pueblos indios, sobre todo en el istmo
veracruzano, ya que en el oaxaqueño los núcleos agrarios en municipios
con mayoría absoluta de población indígena, casi duplican a los
que se encuentra en municipios predominantemente mestizos. Es decir
que en el istmo sur es más clara la división entre propiedad social
indígena y pequeña propiedad mestiza. Ahora bien, en sí misma, la
tenencia de la tierra nos dice bien poco si no la correlacionamos
con sus condiciones y potencialidades 16.
La región ístmica es una de las grandes áreas “teóricas”
de biodiversidad nacional y su riqueza se debe a que es un espacio
de confluencia de los reinos neotropical y neártico y de las biotas
de los Golfos de México y de Tehuantepec. Este entretejido biológico
es delicado y frágil. Las alteraciones a este marco ambiental son
evidentes, medibles, y todas tienen base en “proyectos de desarrollo”
de distintos tipos. Selvas arrasadas para instalar población indígena
afectada por presas (Uxpanapa); ganadería extensiva y sobrepastoreo
(Veracruz), colapso forestal en el istmo veracruzano; deforestación
inducida de 53,000 has para construir presa y distrito de riego
inservibles (Presa Benito Juárez y D.R. No. 19); utilización indiscriminada
de plaguicidas y fertilizantes químicos (Parathión, Dimocab, Gramoxone,
Carmex, Lanate, Furandann, Dimethosfe, Manzanate D-80); promoción
del cultivo del café más allá de sus límites altitudinales (serranías
popolucas, mixes, zoques y zapotecas); contaminación de curso de
agua por desechos industriales y urbanos (el Coatzacoalcos ya es
un río muerto); derrames petroleros y químicos (11 rupturas graves
de poliductos en Salina Cruz en los últimos 10 años); instalaciones
industriales y agroindustriales inadecuadas y mal ubicadas (ingenios
azucareros Santo Domingo y López Portillo sobre rió Los Perros y
Chicapa, 200 km2 desvastados entre Minatitlán, Cosoleacaque y Coatzacoalcos);
deterioro grave del suelo y su capacidad productiva (los chontales
oaxaqueños pasaron de tonelada y media de maíz a solo 200 kg. por
hectárea en 8 años, en Morro Mazatán); contaminación de lagunas
costeras y aguas marinas (sistema lagunar huave, puertos de los
dos golfos). Además de lo anterior hay tres zonas de específica
biodiversidad que se encuentran severamente amenazadas y presionadas
por intereses madereros y de colonización espontánea y planificada
(Chimalapas, Los Tuxtlas y Uxpanapa) 17
. El turismo mal planificado también deja su huella, como en Huatulco,
en donde se eliminó el caracol púrpura panza y se presiona a uno
de los restos importantes de selva baja caducifolia que quedan
en el país, amén de generar un cordón de miseria con la población
indígena y mestiza regional 18.
A estos efectos negativos de un desarrollo económico
y productivo mal planificado hay que agregarle los resultados de
una política caótica de población regional. Para fines de la década
de los años sesenta había un poco mas de 200 mil habitantes en el
Istmo el 83% de los mismos pertenecía a un grupo étnico (originario
o por migración). Para 1990 la población regional se acerca los
2 millones de habitantes, siendo indígenas el 51% en el istmo oaxaqueño
y 13 % en el veracruzano. Es decir, la población indígena pasa a
representar el 24 % de la población global istmeña. Ahora bien,
del total de población istmeña, el 40 % vive en 15 ciudades con
más de 20 mil habitantes, el 76 % en 10 ciudades veracruzanas y
24 % en 5 oaxaqueñas. El resto, alrededor del millón 200 mil habitantes,
se reparten en 3,022 localidades istmeñas. La población indígena
en la zona pertenece a 12 grupos étnicos distintos: zapotecos, nahualt,
mixes, popolucas, huaves, chinantecos, zoques, mixtecos, chontal
de Oaxaca, mazatecos, tzotzil y chochos. En los 80 municipios ístmicos
hay población indígena con distinta densidad y presencia. En 35
municipios la población indígena estimada está entre el 51 y el
100 % de sus habitantes, en 5 entre el 31 y el 50 % y en 40 está
presente con menos del 30 %. Entre los primeros se encuentran 17
de alto índice de marginalidad y expulsión de población. Es decir,
que entre los municipios más indígenas de la región se concentran
los rasgos de población más vulnerable si observamos que, además,
el 37 % de su población es analfabeta, el 73 % de los mayores de
15 años no tienen la escuela primaria completa, el 42 %, el 67 %
y el 84 % de sus viviendas no cuentan con electricidad, agua entubada
y drenaje, respectivamente, y el 71 % de sus habitantes se dedican
a actividades en el sector primario. Es sobre estas condiciones
sociales y ambientales que se plantea la concreción de una “renovada”
versión de conexión transístmica, pero hora en la perspectiva de
la globalización económica 19.
En marzo de 1996 se conoce la existencia de un “Programa
Integral de Desarrollo Económico Para el istmo de Tehuantepec (Oaxaca-Veracruz)”
por el cual, ahora si, esta región accederá al tan esperado “desarrollo”.
El eje del mismo es la modernización, por licitación, del ferrocarril
y las dos terminales portuarias que une, la construcción de carretera
rápida de cuota y equipamiento urbano. Sobre este eje se identifican
un total de 125 proyectos: 20% urbanos; 18.4 % petróleos y petroquímicos;
6.4 % portuarios; 6.4 % forestales; 5.6 % carreteras; 4.8 % minería;
4.8 % agroindustriales; y 3.2 % turismo 20.
El Programa planteado se ubica en la perspectiva
de insertar la región en la circulación de bienes y servicios a
gran escala en el mercado mundial, articulando dos de las tres cuencas
marítimas más importantes para las transacciones internacionales:
la del Atlántico Norte y la del Pacífico. Por las dimensiones de
infraestructura física y requerimientos financieros, el Programa
Integral es llamado, “normal y adecuadamente” como Megaproyecto
del Istmo. La percepción popular es certera. Además es obvio que,
asumiendo la globalización como un proceso consumado, el país debe
utilizar todas las ventajas comparativas que tiene a su disposición
para participar en los grandes flujos comerciales internacionales,
es su derecho y su necesidad; pero su ejercicio es más, mucho más,
que la ubicación de proyectos sobre un mapa pasando por encima,
“olvidándose”, de las sociedades regionales y sus ecosistemas. Los
ausentes en la propuesta, aunque supuestamente para su beneficio,
son el ambiente y la población que detenta la propiedad social
de la tierra, tanto campesinos mestizos como indígenas empobrecidos.
Población que, en general, comparte las condiciones de una sociedad
civil débil, poco y mal organizada, poco y mal informada, poco y
mal articulada. Se trata, entonces, de la construcción de una interrelación
de ambientes y sociedades locales en términos permanentes, en donde
estas sean partes integrantes completas del megaproyecto, en donde
lo cualitativo (ecosistemas y socioeconomías regionales, información
de calidad y promoción y protección de derechos) sea condición inaplazable
de participación en la creación de mecanismos reguladores y de evaluación,
en la corrección de impactos y en la toma de decisiones, conjuntamente
con los planificadores e inversionistas, estatales y/o privados
21.
La situación actual en el Istmo de Tehuantepec y
las posiciones que distintos grupos han tomado, sobre el Megaproyecto,
abarcan un abanico que va desde la oposición radical a que se realice
al extremo opuesto de que se haga cuanto antes, pasando por una
posición que se pregunta por los ¿cómo, cuando, que y quienes?
El primer grupo reúne a algunas asociaciones civiles promotoras
de derechos humanos y ambientalistas, las que movilizan a pequeños
grupos de productores indígenas y campesinos mestizos empobrecidos,
con un reclamo fundamental de información por parte de las instancias
gubernamentales y sin propuesta concreta del quehacer hoy para mañana.
El otro extremo reúne a comerciantes e industriales pequeños y grandes
que ven en el proyecto la forma de revivir sus empresas, que se
encuentran en franca decadencia frente a un mercado desplomado y
que se preparan para obtener ventajas en alianza con la clase política
veracruzana y oaxaqueña. La otra franja del abanico le da distintos
énfasis a las preguntas que se hacen y agrupa tanto a algunas autoridades
municipales, a las que les preocupa el desempleo y que teóricamente
ofrece solucionar el proyecto, como a organizaciones de productores
indígenas que ven la manera de reconvertir sus líneas de producción
actual (ganadería pequeña, pesca ribereña y lagunaria, agricultura
de autoconsumo y comercial, extracción de sal e ineficientes sistemas
de explotación forestal) y crear otras nuevas buscando ventajas
comparativas ya que ellos son poseedores legales de mas del 60%
del territorio de impacto. Es en estos últimos dos sectores (municipios
y organizaciones indígenas) en donde hoy se concentra la mayor base
social 22. Y es en ellos que aparecería
el lugar idóneo de concentración de esfuerzos. Esfuerzos que irían,
y ya comenzaron, en primer lugar, orientados a la transferencia
de información de calidad sobre los contenidos del Megaproyecto
del Istmo. Información que genere condiciones de toma de decisiones
por estar contextualizada a nivel internacional, nacional, estatal,
regional y local; y que se asiente sobre las tradiciones culturales
locales y regionales. Información transferida no solo a los grupos
dirigentes sino que, fundamentalmente, a las asambleas comunitarias
y de organizaciones de productores 23.
Ahí es donde tendrán que tomar decisiones sobre su futuro, en relación
con el Megaproyecto. Es a partir de aquí que se procesa, local y
regionalmente, la formulación del plan de desarrollo propio. Plan
con el cual podrán, recién ahí, negociar inversiones y/o establecer
demandas sobre satisfactores que determinen necesarios y prioritarios;
así como solicitar la concurrencia tanto de las organizaciones civiles
que tengan algo que aportar en capacitaciones técnicas especificas,
como los apoyos que requieran de la cooperación internacional y
de acuerdo a sus propios términos locales. El proceso esta abierto,
recién comienza y acompañar a la población indígena local en el
pensar y en el hacer es un reto al futuro. Son estas poblaciones
las que, en un amplio espectro de alianzas puntuales, pueden recuperar
la iniciativa del control social, político y productivo de sus localidades
y de la región. E involucrar las fuerzas nacionales e internacionales
que necesiten.
13 Rodriguez, Nemesio
J. "Istmo de Tehuantepec…"Informe 1999 (…).
14 Rodriguez, Nemesio,
J. "Istmo de Tehuantepec: de lo regional a la globalización",
1977, (…)
15 Rodriguez, Nemesio
J. "Istmo de Tehuantepec: un sueño cortesiano", 2000,
(…)
16 Winter, Marcus,
( …)
17 Rodriguez, Nemesio
J. "El Anti - Desarrollo: Pobreza Rural y Conflicto Agrario",
1999 (…)
18 Rodriguez, Nemesio
J. " 13" (…)
19 Rodriguez, Nemesio
J. "15" (…)
20 Rodriguez, Nemesio
J. "13", (…)
21 Ochoa y Asociados,
Felipe , 1996 (…)
22 Rodriguez, Nemesio
J. "13" (…)
23 Ponencia de Franz
en el Coloquio Conflicto Agrario 1999 y "XHIIÑA GUIDXI, desarrollo
con sentido ecológico" de la UCIRI en El Solar de enero del
2000.
24 Transferencia
de Información "(Nota 1)" y Documentos del Area de Capacitación
del INI en la Delegación Oaxaca (…)
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