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Los retos
Cuando se piensa cuales son las vías por las que llegan
las mujeres a las presidencias municipales se debe tener en
cuenta cual ha sido la historia de los municipios y como han
llegado al poder sus presidentes municipales. Las mujeres
no son la excepción de esta regla. Se puede afirmar
que la llegada al poder de una mujer está inmersa en
un universo subjetivo de roles sexuales aprendidos que prescriben
el deber ser de un hombre y una mujer. Esto tiene un peso
al interior no sólo de la comunidad sino sobre todo
del grupo político. En última instancia, muchos
pueden pensar que ella esta ocupando un espacio que tradicionalmente
no le correspondía.
Por muchos años las prácticas
del PRI-gobierno, acostumbraban que el presidente municipal
era propuesto por el presidente saliente, por el diputado
local, el jefe del comité estatal del PRI o por algún
otro líder político de las corporaciones de
ese partido21 y finalmente
palomeado por el gobernador. En el estado de Oaxaca las mujeres
presidentas municipales del PRI también han sido electas
de esta forma. Por supuesto quienes toman esa decisión
no son mujeres, son hombres al interior de los partidos, al
interior de los círculos masculinos de poder y deben
tomar esas decisiones “políticas” a veces
en contra de sus propias ideas, a veces en contra de sus propios
intereses y ésta debe ser una decisión difícil.
Es fácil deducir que, la candidatura
a la presidencia municipal, es una decisión que debe
ser consensada en los círculos de poder(mayoritariamente
hombres) y defendida con razonamientos convincentes o simplemente
con autoritarismo. En el caso de las mujeres candidatas por
el PRI, es posible que se tome una decisión condicionada,
negociada y estudiada, en el marco de las circunstancias del
municipio. En los otros partidos también son hombres,
en su mayoría, quienes tienen la última decisión
sobre la candidatura de una mujer a la presidencia municipal.
En los partidos de oposición22
ha habido menos candidatas mujeres a las presidencias municipales
que en el PRI. Sin duda los lideres políticos tienen
que actuar con cautela en las comunidades muy tradicionales
porque una decisión contra las tradiciones puede significar
una perdida de votos.
A partir de las entrevista y lo que he observado, pienso que
una vez que esa decisión se toma, las mujeres saben
que fueron electas por un hombre al que le deben fidelidad,
lealtad y obediencia, puede ser el gobernador del Estado,
el jefe del partido político al que pertenezca, el
delegado local de ese partido, el senador o un diputado o
varios de ellos. Digo esto, porque las mujeres al interior
del partido están en minoría en las altas esferas
de la toma de decisiones y su posición es cuestionada
por los caciques o líderes tradicionales de la región.
Además de todo están pisando un terreno nuevo,
desconocido, donde hay muchos hombres convencidos que eran
merecedores del cargo, más que ellas. Cuando no pueden
evitar la candidatura de una mujer, quienes han manejado la
política del municipio suponen que ella será
presa fácil de manipulación. Los conflictos
que algunas de las presidentas entrevistadas tuvieron, al
interior de sus municipios, fueron precisamente con hombres
que se auto nombraron sus asesores; según ellos habían
apoyado la campaña de la presidenta y consideraban
era su derecho estar en la nómina del municipio.
Una vez que la mujer llega al poder, se encuentra
con otras circunstancias: su rol o el papel que puede jugar,
como presidenta, va a ser condicionado por el hecho de ser
mujer. Hay prácticas sociales e ideas comunes sobre
lo que una mujer debe y no debe hacer. Hay raigambres culturales,
morales y religiosas que especifican la posición social
de la mujer y en éstas no se incluye el de practicar
la política pública, ocupar un puesto de gobierno,
ser autoridad. Esto siempre trae comentarios negativos sobre
la mujer que se atreve y sobre todo comentarios que tienen
que ver con su vida privada.
Por otro lado, hay ciertos lugares que han sido conciliábulos
políticos por antonomasia de hombres, como pueden ser
las cantinas, los prostíbulos, clubes y asociaciones
exclusivamente masculinas, como lo era y la masonería23
donde no es aceptada socialmente la mujer. Actividades exclusivas
de los hombres como son las parrandas, ciertos juegos de azar
y algunos deportes que están desligados de las mujeres
y sus actividades. Cuando una mujer actúa como los
hombres en cuanto a acudir a las fiestas y celebraciones,
a las que se le invita por ser presidenta, más comete
el error de quedarse más tiempo del “apropiado”,
se le critica y ridiculiza. Un caso muy sonado fue el de la
presidenta de Ixtepec, la primera presidenta del Istmo, Rosario
Villalba se le calificó de "Chayo Pachangas".
Los medios de comunicación, el radio y los periódicos
locales, además de sus enemigos políticos la
criticaron mucho sólo por el hecho de asistir a fiestas
y velas a las que la invitaban.
Y sin embargo, es precisamente en las
fiestas y en bares, celebraciones y pachangas donde los políticos
hombres se encuentran, muchas veces para limar asperezas y
tomar decisiones. En estas actividades se tienden puentes
de comunicación y se producen formas que ayudan a solucionar
problemas, resolver antipatias, y construir lazos de unión
y simpatía.
21.- Fausto Diaz, Los municipios: La disputa
por el poder local en Oaxaca, Oaxaca, Colección del
Barro Nuestro Instituto de Investigaciones Sociológicas
de la Universidad Autónoma Benito Juárez de
Oaxaca, 1992.
22.- Me refiero a Oaxaca, donde la gubernatura
del Estado la sigue ejerciendo el PRI.
23.- Tengo entendido que ahora existen
lugares para las mujeres dentro de la masonería, pero
aún en ellas su representación es minoritaria
y no participan en todos los ritos.
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