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La investigación se plantea responder
a las siguientes preguntas:
1) ¿Cómo
conciben las mujeres el poder que da una presidencia municipal,
y como lo conciben los hombres?
2) ¿Quiénes
son las mujeres que llegan a ser presidentas municipales?,
3) ¿Quién
toma la decisión de cuales mujeres llegarán
a la presidencia municipal?
4) ¿Cuáles
han sido los obstáculos que han encontrado las mujeres
al llegar a las presidencias municipales? Y ¿Cómo
los han enfrentado?
5) ¿Cuál
es la diferencia en la práctica de la democracia el
ser hombre o ser mujer define acciones políticas distintas?
Estas son algunas de las preguntas que he desarrollado
en mi investigación y me propongo exponer una primicia
de los hallazgos.
Algunos puntos, a mi parecer relevantes para
el análisis del posicionamiento de las mujeres en las
presidencias municipales, son los siguientes: 1) Las primeras
presidentas municipales sólo tienen como antecedentes
las personalidades masculinas que han ocupado el cargo; 2)
Se sienten obligadas a lealtad y fidelidad con el partido
que las ha llevado al poder y específicamente con alguna
figura, en la mayoría de los casos masculina que las
ha nominado para al cargo. 3) Las mujeres son estigmatizadas
como emocionales y blandas para ejercer la política
y es común que entre los hombres surja la duda de si
son capaces. Ellas mismas tienen que tener una autoestima
muy bien fincada para no flaquea frente a los embates y ataques
fuertes de otros políticos de la región. 4)
El hecho de que sean mujeres no implica que lleven a cabo
una política favorable a los intereses de las mujeres.
¿Quiénes son las presidentas
municipales?
En los casos de estudio, las mujeres que ocuparon
el cargo de presidentas municipales tienen historias de liderazgo
excepcional al interior de la comunidad, de los partidos,
de la iglesia y de la escuela. Son mujeres que en muchos casos
provienen de una familia de políticos, es decir hay
una genealogía de participación política
en sus familias. Han tenido a un padre, abuelo, tío
o padrino que participó en la política como
presidente municipal, regidor, alcalde o líder de un
partido político. Debido a las costumbres y tradiciones
sobre la participación de la mujer en la vida política,
por sí sólo este liderazgo y/o situación
familiar no las hubiera conducido a ser presidentas municipales.
Si lo pudieron hacer, se debió a que otras circunstancias
políticas mundiales y nacionales estuvieron presentes.
Las trampas de la equidad
Si se piensa en el municipio como el centro
de la organización social de un pueblo, de una localidad
y en la política que en este microcosmos se puede desarrollar,
entonces la política involucra muchos aspectos de la
vida cotidiana y quienes la ejercen, asumen la responsabilidad
de resolver las demandas y necesidades de los pueblos. Las
presidentas y presidentes municipales cumplen la función
de ser los interlocutores inmediatos para atender los problemas
de la comunidad. Es un puesto de mucha responsabilidad pero
además el contacto con los gobernados guarda relación
directa e inmediata de acuerdo al tamaño de la población.
Entre más pequeño el municipio más contacto
directo entre el munícipe y su población.
Cuando las mujeres llegan al poder, es decir
a la presidencia municipal, las circunstancias, de cada una,
son muy diferentes. Me llama la atención que varias
presidentas municipales lo han sido de municipios conflictivos.
Pienso que la explicación puede ser la siguiente: Si
se considera, por un lado, que los municipios en vías
de modernización son los que presentan mayores conflictos
y por el otro que las mujeres candidatas rompen viejos esquemas,
entonces se encuentran ante un dilema: Es decir que la participación
de la mujer en las presidencias es innovadora y por tanto
que puede verse como una opción para solucionar los
conflictos. Por tal motivo, parece lógico pensar que
en los municipios que han tenido conflictos sea dónde
más fácilmente se acepte la candidatura de una
mujer.
Por otra parte el elegir a una mujer como candidata
a la presidencia municipal, puede tener varios significados:
en esos “municipios conflictivos” es dónde
se da la mayor lucha política al interior de los partidos.
Por eso, a veces, elegir a una mujer es elegir a un tercero
en discordia y de esta forma desactivar la lucha interna.
El gobernante, puede matar varios pájaros de un tiro:
desactivar a los grupos antagónicos al interior de
su partido (si la mujer electa no pertenece a un determinado
grupo); cumplir con las demandas de los acuerdos internacionales
y la política nacional de incorporar a la mujer en
los ámbitos de gobierno; y tener una aliada, leal,
“fresca”17 y fiel
(al gobernante) en los conflictos políticos. Estos
procesos se dan, como dice Samuel Huntigton cuando “Los
nuevos valores erosionan, las viejas bases de asociación
y de autoridad, antes de que nuevas habilidades motivaciones
y recursos sean producidos para crear nuevos grupos”18
17.- Lo de “fresca” me refiero
a que no tenga una añeja trayectoria llena de compromisos
con los políticos de la región.
18.- Samuel P. Huntigton, Political
order in Changing Societies, New Haven: Yale, University Press,
1968 citado por Fausto Díaz, op. cit.
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