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Cultura >>Motivos del son
 

VI

En uno de sus últimos libros, Historia Nocturna, Carlo Ginzburg analiza las reuniones que por las noches realizaban las brujas con el objeto de adorar al diablo (aquelarre). En este trabajo, Ginzburg se plantea dos propósitos: en primer lugar, cómo y por qué se cristalizó la imagen del aquelarre, y, en segundo, qué era lo que se escondía tras de tal imagen.21 Ginzburg llega a la conclusión de que entre mediados del siglo XV y principios de XVI se cristaliza tras el estereotipo del Aquelarre (en un primer momento en el Arco Alpino y en la llanura Padana –Europa-) temas antiquísimos de la cultura popular de Europa y Asia: el viaje extático de los vivos cabía el mundo de los muertos, el vuelo nocturno y metamorfosis animal, unidos por un tema que liga una gran cantidad de mitos del área señalada: ir del más allá, volver del más allá.22

Esa es la imagen estereotípica que nos ha llegado a través de la cultura oral impresa en la versada del son, y que vemos presente en todo el Sotavento. Pero también esta creencia en brujas que vuelan por las noches, dejaron testimonios documentales que podemos rastrear en la Nueva España. La mestiza Leonor de Villareal, las hermanas castizas Ynes de García e Isabel Aguilar fueron acusadas de reunirse por las noches para besarle el culo a un macho cabrío, mientras que sus hijos y sobrinos salían volando en forma de gansos hasta el cementerio donde visitaban a su difunta madre, abuela y notable bruja.23 O el caso de Leonor de Villareal que sale volando en forma de Papagayo, después de haberse untado el cuerpo con ciertas sus rancias especiales.24

En el caso de Veracruz, las fuentes documentales mencionan la existencia de estas mujeres que conocían y utilizaban la hechicería y la magia; como las maléfica Pascuazas, acusadas de hechizas a Lorenzo Chospin en 1759;25 las mulatas Ana y Catalina de la Cerda por usar hierbas en 1624 para brujería en la región del Coatzacoalcos;26 María González por hechicera y calumniar a otras mujeres;27o aquella Leonor Islas, famosa mulata de Veracruz y hechicera provisional que cobraba por sus servicios y por enseñar su arte.28

Si bien es cierto que al presencia del diablo es bastante relativa, aunque bien presente en pactos con el demonio que fundamentalmente realizan esclavos para escapar a su situación oprimida, o que la imagen del Aquelarre fuese o no transportada a América, no descalifica a prior estas creencias, como lo hace Solange Alberro, llamándolas “fantasías que remedan los arquetipos desarrollados con mayor lustre y barroquismo en la Europa de aproximadamente la misma época.”29 La existencia de este tipo de material, al igual que los referente a las adivinaciones, a las prácticas hechiceriles, o las curaciones requieren de un tratamiento más intensivo. “Reconozco –anota E.P. Thompson – que es preciso hacer más justicia al simbolismo de la magia popular, la mitología de la brujería –el vuelo nocturno, la oscuridad, la metamorfosis en animales, la sexualidad femenina – nos dice algo sobre la escala de valores de la sociedad que creían en ella, sobre los límites que se querían mantener, sobre el comportamiento instintivo que se creía deber reprimir.”30

Es cierto que el proceso europeo fue distinto al americano pero acaso ¿no fue Europa uno de los abrevaderos para la invención de América y para la conformación de la cultura mestiza? En Mesoamérica también se encuentran transformaciones en animal, anuales y viajes extáticos,31 así como la creencia bien arraigada sobre la existencia de personajes que establecen contacto con fuerzas sobrenaturales y suprahumanas, que pueden comunicarse con sus respectivas divinidades. Es la efectividad de las creencias y su relación con las conductas humanas, no precisamente su mayor o menor originalidad.32 En correspondencia con el interés antes señalado, no quisiera concluir este trabajo sin dejar de señalar algunas de las conexiones que se han hecho evidentes durante el transcurso de mis indagaciones y, que en caso de ser estudiadas podrían contribuir de manera decisiva al estudio de la cultura popular del sur de Veracruz.

a) La creencia de pactos con el demonio está presente, no sólo en las referidas brujas, sino también en la actividad ganadera. En aquel proceso contra Juan de Alanís, vaquero de la Hacienda de Tancochapa y acusado de hechicería, a que se le atribuía la fuerza necesaria para derribar de un solo golpe, a vacas y toros, al tiempo que la destreza que tenía como jinete era producto de su pacto diabólico.33

b) Vinculado a los vuelos nocturnos en formas de animales tanto en hombres como en mujeres se ha señalado el uso de ungüentos o de grasas de animales. Entre estas, la del sapo juega un papel importante. En el proceso ya mencionado seguido contra las Pascuazas, se menciona el uso de polvo del sapo, para producir fuertes dolores de espalda. A la negra Juana Rodríguez de Querétaro se le denuncia porque le procuró la muerte a su yerno valiéndose de un sapo.34 De igual forma, lo viejos jaraneros piensan que si se guarda un sapo en la bolsa izquierda del pantalón, esto provoca que las cuerdas de la jarana de algún contrincante se rompan. Todavía hoy en la región de los Tuxtlas, famoso por ser tierras de brujos, el sapo juega un papel importante en los trabajos mágicos, lo mismo usándose para conseguir amor o para producir la muerte.35 Indudablemente falta investigar la relación que guarda el uso de sapo en los rituales mágicos, con el hecho de que se haya recubierto en las secreciones de la piel del sapo, la bufotenina, una sustancia con potencialidades psicotrópicas.36

VII

Hasta ahora hemos señalado las posibilidades que existen de utilizar las documentaciones del folclor para aguzar la vista hacia la cultura popular generada en el sur de Veracruz. La versada se nos presenta como un mirador desde el que, si se observa con detalle, podrán distinguirse las veredas que conducen al desciframiento de las representaciones sociales. Pero también parece que una lectura más atenta de estas fuentes documentales, relativizan esa visión con la que se inició este capítulo, que vincula el periodo de las reformas borbónicas con un relajamiento social extensible a todas las capas de la sociedad. Amén de que se dé en la Nueva España una explosión desenfrenada de la moral y, en concreto, de la música y los bailes de fines del siglo XVIII que, como se ha dicho, nada perdona; donde no hay costumbre, no hay símbolo, no hay misterio, ni ceremonia que escape a sus regocijos impíos,37 hay que considerar también la consolidación de la cultura popular, de una población que empezó a repuntar demográficamente a principios de siglo, al mismo tiempo que los productos culturales del mestizaje experimentado durante el s. XVII y principios del XVIII empezaron a mostrarse. Por otro lado, no hay que olvidar que la postura asumida por los administradores Borbones en el ámbito de la fe, fue un tanto distinta a la observada por los Austrias, quienes parecen haberse dedicado más a observar y tolerar, que a gobernar. Aquellos intentaron censurar las formas de religiosidad popular que tergiversaban el canon institucional de la iglesia; de distinguir, para poder combatirla, a la superstición de la fe auténtica; de reglamentar aquellas manifestaciones en que la inventiva popular amenazaba con echar abajo los cimientos del orden colonial; perfilándose detrás de estos intentos ilustrados, los esfuerzos de una burguesía por diferenciar sus creencias, prácticas y valores de los del pueblo, para así crear una visión propia.38

21.- Carlo Ginzburg, Historia nocturna, Muchnik editores, Barcelona, 1992, p. 90.

22.- Carlo Ginzburg, Op Cit, p. 227.

23.- Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México 1571-1700, FCE, México, 1993, p. 305.

24.- AGN, Inquisición, Vol. 278

25.- AGN, Inquisición, Vol. 1003.

26.- AGN, Inquisición, Vol. 354, exp.12-13.

27.- AGN, Inquisición, Vol. 407.

28.- AGN, Inquisición, Vol. 341.

29.- Solange Alberro, Op Cit, p. 305.

30.- E.P Thompson. Historia y antropología social, Instituto Mora, México, 1994, p. 63.

31.- Alfredo López Austin, Op Cit, p. 36.

32.- Sobre este punto Antonio Gramsci comenta “que el pueblo mismo no es una colectividad homogénea de cultura y que presenta numerosas estratificaciones culturales variadamente combinadas, que en su pureza no siempre pueden ser identificadas con determinadas colectividades populares históricas; siendo verdad, sin embargo, que el mayor o meno grado de “aislamiento” históricos de esas colectividades da la posibilidad de una cierta identificación” Antonio Gramsci, Apuntes sobre el Folclor, Era, P. 46.

33.- AGN, Inquisición, Vol. 354, exp. 15

34.- Solange Alberro, Op Cit, p. 465.

35.- Marcela Olavarrieta, Magia en los Tuxtlas, Veracruz, INI, México, 1974, p.117, 143.

36.- Carlo Ginzburg, Op Cit, p. 226.

37.- Pablo González Casanova, La literatura perseguida en la crisis de la colonia, SEP, México, 1976, p. 72-73.

38.- Juan Pedro Viqueira Alban. Relajados o reprimidos, p.153.

 

 


Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social
Unidad Golfo
Xalapa, Veracruz, México