Principal Informacion General Instituciones Cartografia Ingreso Correo
Estudios y proyectos
Cultura
Migración
Política
Economía
Medio Ambiente
Documentos de contexto
Circulación restringida
Participantes
Investigadores y Becarios
Enlaces a sitios relacionados
1er. Seminario
1er Seminario del Istmo
Textos sobre el Istmo
El Istmo de Tehuantepec y sus lecturas
Estudios
Estudios terminados
Estudios en proceso

Cultura >>Motivos del son
 

Por eso cuando uno acerca la mirada a la vida social generada en torno a la hacienda, observa cómo la parte ritual, mágica o sobrenatural de la vida permean el quehacer ganadero. Se ve así a aparecer a vaqueros que invocan al pájaro carpintero para encontrar al ganado; a mulatos que en compañía de indígenas participan de un ritual de iniciación de un recién nacido, quemando copal y ofrendándolo en los cuatro puntos cardinales de un corral, o la creencia de vaqueros que tienen pacto con el demonio para poder capturar mayor número de reses.
Y es que el trato con lo sobrenatural o con lo muy terrenal estuvo presente en toda la historia colonial de Veracruz, y las prácticas sagradas de los africanos y de los indios fueron muy socorridas y no perdieron vigencia ni efectividad, a pesar del celo de las políticas virreinales. Así, la distinción entre magia blanca y magia negra fue una distinción introducida por los europeos y a los que tanto negros como indios eran ajenos. Y esto no significa que éstos no estuvieran claros de que ciertas prácticas podía perjudicar o beneficiar a un individuo. Para unos y otros la magia y la medicina, tanto en su manera de operar como en su conceptualización son esencialmente ambivalentes; al tiempo que acarrean bienestar y seguridad al paciente, a menudo inflingen grave daño a un tercero.13 Por tanto, no resulta casual, ver vinculada la expresión musical – que en un primer momento forma parte del sacrificio a la divinidad14 – con el ritual, la magia, la hechicería o la brujería – es decir, con aquello que los inquisidores designaba con tales términos. Sería necesario ver en qué medida los documentos conservados en el Archivo General de la Nación pueden ilustrarnos sobre la manera en que los propios inculpados designaban aquello que se les imputaba.
El estudio del fandango jarocho ha descuidado el aspecto ritual de la fiesta que, por estar tan diluido en nuestros días, dificulta el considerar que alguna vez existió, vinculado a ritos agrarios, a experiencias extáticas referencias al contacto de lo humano con lo sagrado, como se alcanza a entrever por los temas de sones como el Pájaro carpintero, El Cascabel o Los Enanitos. Por lo pronto, esa parte mítico-mágica indígena se hace presente a través de los chalecos y naguales, en los encantos –donde el tiempo se arrastra lastimeros para casi no avanzar -, o en Homshuk, niño dios del maíz que con su jarana primera o mosquito hace enojar al dios yaro. La aportación africana (muy difícil de documentar) y la española merecen ser estudiadas.

V

En una recopilación de la versada de El Vale Bejarano15 publicada en 1979 y reconstruida por gente que convivió con él en los últimos años de su vida, se menciona el nombre de Don José Julián Rivera, ganadero de la región de Alvarado de quien se cuenta descubrió una noche, gracias a la intervención de un amigo, que su mujer era una bruja que por las noches se quitaba la piel y salía volando al Puerto de Veracruz. Al descubrir a tan maligna mujer, el marido optó por esparcir sal en la piel que la bruja había dejado, al iniciar su vuelo nocturno; misma que al regresar de sus correrías nocturnas y vestirse de nuevo con aquella piel humana empezó a producirle tal ardor que la mujer empezó a gritar, revolcándose del dolor. El marido entonces, intentó aprovechar ese momento para matarla, pero la presunta bruja, logró transformarse en vaca, perdiéndose entre las demás reses del ganado.16 Por eso contaba el Vale Bejarano, se le empezó a cantar José Julian Rivera dos coplas que hoy forman parte de la versada clásica del son del Toro Zacamandú:

En la Hacienda del horcón Una mujer se hizo vaca
Hay una vaca ligera por ver si me revolcaba
Que dice que la regala Y yo de verla tan flaca
Don josé julián Rivera desde lejos la toreaba.

La historia oral recabada en este “anecdotario poético del vale bejarano ha conservado y plasmado en el son jarocho la creencia en estas prácticas mágicas o hechiceriles de las que hemos alusión anteriormente, tan vivas en la Colonia y en la que indios y afromestizos fueron actores principales, identificados como brujos, hechiceros, curanderos, adivinos y/o supersticiosos.

Pero la definición del término bruja era ambiguo en tiempos de la colonia17 , pues englobaba, según el juicio de los eclesiásticos, una serie de actividades (hasta cierto punto cotidianas) y socialmente aceptadas por quienes la utilizaban o practicaban y con un pervivencia histórica importante tanto para indios como para africanos) que iban desde las curanderas tradicionales hasta maléficas mujeres que tenían pacto con el demonio; desde aquellas que leían la mano y predecían el futuro o las que preparaban pócimas de amor y/o provocaban impotencia sexual. Poco importaba si el trabajo de estas personas estuviera orientado, según los denunciantes a curar alguna enfermedad o a producirla; lo que interesaba a los inquisidores era la mayor o menor desviación a la ortodoxia de la práctica religiosa cristiana.

Y es que no hay que olvida que cuando nos enfrentamos ante términos que implican un juicio de valor (en este caso vinculados a Dios – personificación del bien supremo, y al diablo – personificación de la maldad) ha de considerarse la posición social y el utillaje mental de quien juzga. Como bien lo señaló Sigmund Freud18 cuando un pueblo es vencido por otro, inmediatamente sus dioses pasan a ser la personificación del mal, y el pueblo conquistador intenta desterrarlos del cuerpo de creencias de la gente, imponiendo su propio panteón de dioses. Este señalamiento, resulta importante, en tanto nos remite al interés por interpretar cada uno de los actos que son juzgados, dentro del contexto de los enjuiciados y no sólo de los que enjuicia. Es decir, en el caso concreto de la Nueva España, es muy probable que tras la designación de lo maligno y lo diabólico utilizada por los españoles, estén latentes, en las prácticas denunciadas como hechiceriles supersticiosas o maléficas por parte de indios, africanos o afromestizos, creencias más antiguas vinculadas a deidades precristianas o a ritos, actitudes y comportamientos más o menos, contaminados que puedan dar idea de la cultura de los pueblos que participaron en la aventura civilizatoria generada por la conquista de América.

Cuando los españoles llegaron a tierras americanas estaban obsesionados por descubrir todo lo diabólico que hubiera y desterrar. Y es que personajes tan importantes como el obispo Zumárraga y Fray Andrés de Olmos habían intervenido, antes de llegar a la Nueva España, en la persecución de brujas de Vizcaya y Navarra.19 Así que cuando en nuestra historia vemos aparecerla alusión a brujas que abandonan la piel humana y que vuelan por las noches, vale la pena preguntar se ¿hasta que punto fueron ideas transplantadas de Europa a América, como producto de la intensa cacería de brujas ocurrida en Europa entre los siglos XIV y XVII?, además de cuestionarse ¿qué posibilitó su inserción en el imaginario social20 de los habitantes de la Nueva España? ¿Qué manifestaciones adquirieron estas representaciones sociales?

13.- Gonzalo Aguirre Beltrán, Obra Antropológica XVI, CIESAS-FCE, México, 1994, p.116.

14.- Aunque pueda pensarse que sólo los indios o afros realizaban estas prácticas, en 1716 un español llamado Manuel Ángel fue denunciado por realizar curaciones supersticiosas que lograba usando el peyote, la Rosa María, el estafiate y, al mismo tiempo, tocaba la guitarra y el ravel.

15.- Don José Piedad Bejarano, “El Vale” fue un reconocido repentista, nacido en Alvarado, por los años sesenta del siglo pasado y muerto el 29 de junio de 1929.

16.- Alejandro Hernández Zamudio, Anecdotario poético del Vale Bejarano, Editorial Hera, Veracruz, 1988

17.- <<La hechicería, el maleficio, el embuste supersticioso son denominaciones que recibe por tales años la magia negra; forma de actividad que manipulaba las fuerzas de la naturaleza con fines aviesos, encaminadas a destruir el orden establecido por la conquista y la esclavitud. >> Gonzalo Aguirre Beltrán, Op Cit, p. 117.

18.- Sigmund Freud, Sobre una posesión demoníaca, en Obras Completas, Tomo XIX, Amorortu editores, Buenos Aires, 1976.

19.- Alfredo López Austin, Tres recetas para un aprendiz de mago, Revista Horasca, num. 47, p. 21.

20.- Entiendo por imaginario, una serie de conceptos y valores más o menos extensibles a una colectividad que les permiten a cada individuo elaborar de manera conciente o no, representaciones mentales del mundo y establecer una relación causa-efecto de los acontecimientos ocurridos en su vida diaria.

 

 


Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social
Unidad Golfo
Xalapa, Veracruz, México