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Cultura >>Motivos del son
 
 

Motivos del Son

Alvaro Alcántara

I

La documentación disponible sobre las diversiones públicas durante el periodo colonial sólo empieza a ser abundante a partir segunda mitad del siglo XVIII. Esta profusión de testimonios generó de la idea, más o menos aceptada, de que el periodo mencionado, se caracterizó por un relajamiento de costumbres en todos los niveles de la sociedad, contrastando con la monotonía y austeridad exterior de la vida social experimentada en el siglo XVII1. Un factor que contribuyó en mucho a generar esta impresión lo constituyó el alto índice de sones que fueron denunciados por deshonestos y contrarios a la moral cristiana, ante al Santo Oficio de la Inquisición. Los documentos existentes en le Archivo general de la Nación mencionan entre el periodo que va de 1766 a 1819, 43 bailes distintos2. de los cuales buena parte de ellos tuvieron su escenario en Veracruz.3.

En mayo de 1779, el inquisidor de Veracruz den José María Lazo de la Vega tuvo noticia de un baile llamado Zacamandú, “muy deshonesto” e introducido al puerto de Veracruz por un negro de la Habana que estuvo forzado en el castillo de San Juan de Ulua.4. Años más tarde, en 1803, el cura de Cosamaloapan hacía relación al Santo Oficio de oírse entre la gente plebeya de la cuidad y lo9s pueblos comarcanos un son llamado El Torito (también denominado Toro Viejo o Toro Nuevo), deducido del antiquísimo tango. La denuncia incluía la descripción del baile y gracias a ella hemos podido enterarnos de su coreografía: “Baílase el tentable torito entre un hombre y una mujer: ésta regularmente es la que sigue el además de torear, como el hombre de embestir: la mujer provoca y el hombre desordena: el hombre todo se vuelve cuernos para embestir a la toreadora y la mujer toda se desconcierta si se vuelve banderilla para irritar al toro en los movimientos de torear y en los de embestir unos y otros mutuamente se combaten, y ambos torean y embisten a los espectadores que siendo por lo común personas tan libertinas, fomentan con gritos y dichos la desenvoltura y la liviandad de los bailadores”.5.

De la forma de bailarse o de las coplas que se cantaban en el Zacamandú nada sabemos. De lo que sí nos podemos percatar es que, “curiosamente”, la descripción hecha hace doscientos años del Torito coincide con la manera en que actualmente se baila el son del Toro Zacamandú en los fandangos jarochos del Sotavento. El proceso que condujo a estos bailes a convertirse en uno sólo nos es desconocido. Podemos inferir que una probable alusión a la actividad ganadera, los hizo coincidir, con el paso del tiempo, en un mismo baile.

Hoy en día, el Toro Zacamandú es uno de los sones que más se escucha en le fandango veracruzano. Muchas anécdotas y creencias han quedado registradas en sus versos, pero también han quedado marcadas, como huellas perennes, algunas implicaciones más profundas en esta curiosa historia en que “el hombre embiste y la mujer torea”, mientras que al rededor de la tarima se escucha a algún jaranero cantar:

En la hacienda del horcón

hay una vaca ligera

que dicen que regala

don José Julián Rivera.

II

El estudio de las costumbres, de las creencias, de los dichos, de las actitudes, de eso que se ha dado en llamar “cultura popular”, ha obligado a los historiadores a ver en le folclor algo más que un anecdotario de cosas simpáticas, excéntricas y arcaicas. Siendo como es la cultura popular predominantemente oral, el historiador se enfrenta ante el reto de echar mano de fuentes doblemente indirectas: en tanto que escritas (y eventualmente de hallazgos arqueológicos), como “filtradas y deformadas” por individuos más o menos vinculados con la cultura dominante.6. Antonio Gramsci apuntaba que el Folclor debía estudiarse como “ concepción del mundo y de la vida, en gran medida implícita de diversos estratos (determinados en le tiempo y el espacio) de la sociedad en contraposición con las concepciones del mundo oficiales”7. y en este tenor los estudiosos de la cultura popular han encontrado en las recopilaciones hechas por los folcloristas y los etnomusicólogos, pero también en los archivos inquisitoriales o en la poesía popular, materiales de indudable valor que sirven como elementos centrales en la conformación del relato histórico.

Pero precisamente el acercamiento a este tipo de materiales desde la óptica de la historia, obliga al investigador a desarrollar un ejercicio de desciframiento y contextualización sobre cada uno de los materiales, en el intento de de proveer de significación a los ritos, los mitos, las ceremonias, la danzas, etc., que se han propuesto estudiar. El historiador ha de desarrollar una hermenéutica del texto, una lectura densa ( en el sentido mencionado por Geertz) del material folclórico, poniendo atención en lo que marginal, lo insignificante, en lo inconsciente para poder acceder al nivel de las representaciones; concibiendo a cada hecho social como símbolo con dos o más significados8. susceptibles de ser interpretados.

Para poder desentrañar y leer esa significación oculta, E.P. Thompson sugiere que los datos dejen de ser considerados como fragmentos de folclor, como reliquias y sean colocados en su contexto social. Lo cual implica, como condición primera, dar cuanta del sentido manifiesto del dato; sentido que le permitirá al historiador, establecer las conexiones entre su presente y aquel futuro-pasado que poco a poco se empieza a construir. En este sentido, el oficio del historiador puede ser entendido como aquel que reconfigura la memoria y el tiempo humano, en su propio discurso, en su propia experiencia; el historiador es, pues, el que trabaja con aquellos que han podido regresar del mundo de los muertos, el que registra sus recuerdos y sus ausencias.

Para ese fin es necesario formular nuevas preguntas al material analizado, analizarlo con ojos rejuvenecidos, plantearse problemas nuevos; y observar, en el documento aquellas, contradicciones, desviaciones, omisiones o repeticiones que den cuenta de aquellos que en la historia hablaron por silencios.

 

1.- Juan Pedro Viqueira Albán,. ¿Relajados o reprimidos? FCE, México, 1995., p. 16

2.- Josè Antonio Robles-Cahero.La memoria del cuerpo y la transmisión cultural: las danzas populares en el siglo XVIII. En La memoria y el olvido. Segundo simposio de Historia de las Mentalidades. INAH, México, 1985., p. 177.

3.- El primer baile que aparece consignado en los archivos de la Inquisición fue El Chuchumbé, denunciado en la ciudad de Veracruz en el año de 1766 y denunciado siete veces más hasta el año de 1784. este baile inauguró la impresionante presencia de sones y bailes populares entre el siglo XVIII y XIX del cual solamente uno, fue denunciado antes de la segunda mitad del siglo XVIII (1715).

4.- AGN. Inquisición Vol. 1178.

5.- AGN. Inquisición. T. 1410. F. 95-96.

6.- Sobre este tema y sobre la posibilidad de alcanzar algún conocimiento válido al utilizar estos testimonios filtrados, vease a Carlo Ginzburg, prólogo a El queso y los gusanos, así como Mitos emblemas e indicios y también Historia nocturna, del mismo autor. Puede también consultarse a Clifford Geertz, La interpretación de las culturas y a Peter Burke, La cultura popular en la Europa Moderna.

7.- Antonio Gramsci. Observaciones sobre el Folclor. (desconozco el libro de donde fue tomado).

8.- Entendemos por símbolo (siguiendo a Paul Ricoeur,) “expresiones lingüísticas de doble sentido que requieren una interpretación y la interpretación, un trabajo de comprensión que se propone descifrar símbolos”. “Hay símbolos cuando el lenguaje produce símbolos de grado compuesto done el sentido, no conforme designar una cosa, designa otro sentido que no podía alcanzarse sino a través de su enfoque o intención”. Paul Ricoeur. Freud una interpretación de la cultura. S. XXI Editores.

 
 

 


Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social
Unidad Golfo
Xalapa, Veracruz, México