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4.2- Reestructuración económica y reorganizaciones territoriales

En el Istmo, la historia de los procesos de acondicionamiento del territorio asociados a la explotación de sus recursos naturales y notablemente a la expansión de la industria petrolera arranca a principios de este siglo. Las líneas de intervención política y económica vinculadas a esta historia han sido estudiadas por diversos analistas. Entre ellos destaca la obra seminal del geógrafo Jean Revel Mouroz (1972, 1980), quien examinó la forma en que se dio la colonización de la tierras comprendidas entre el sur de Veracruz y el sureste de Oaxaca. El proceso de colonización supuso una radical modificación de las formas de tenencia de la tierra, predominantemente comunales, que se encontraban en manos de las poblaciones indígenas. La historia del proceso sumamente conflictivo de expropiación ha sido documentada, del lado oaxaqueño, por Víctor de la Cruz (1989 y 1992) y Leticia Reina (1988). Del lado veracruzano, cabe destacar las pesquisas de Manuel Uribe (1983), Therese Bouysse Cassagne (1982), Martínez y Rodríguez (1984) y Buckles y Chevalier (1995). En torno al fracaso del programa de desarrollo vinculado con otra región de enorme riqueza, el Uxpanapa, sobresalen los trabajos de Víctor Manuel Toledo (1989) y José Velasco Toro (1994).

El explosivo desarrollo de la industria petrolera a partir de los años sesenta y sus significativos efectos ambientales, ha sido ampliamente estudiada, tanto desde la perspectiva de la economía política como de la dinámica de los ecosistemas existentes en la región, por el Centro de Ecodesarrollo, a través de múltiples publicaciones, entre las que destacan las obras de Alejandro Toledo (1983), Ivan Restrepo (1995), Margarita Nolasco (1979) y Jorge Legorreta (1983). En relación a la dimensión política asociada a la gestión de la industria petrolera, los estudios de Marie France Prevot Schapira (1983, 1984, 1987 y 1994), representan el análisis mas amplio con que contamos sobre la significación del sindicalismo petrolero en la región.

Si bien la industria petrolera representó durante cerca de dos décadas (1960-1980) el principal vector de desarrollo en la parte septentrional del Istmo, atrayendo a miles de trabajadores a la región, su limitada capacidad de generación de empleo se hizo ostensible una vez que se concluyó la etapa de construcción de las grandes infraestructuras necesarias para su explotación. De esa limitación, surgirían más tarde (a fines de los años ochenta) una multiplicidad de problemas, asociados fundamentalmente a diversas formas de desempleo. Los limites de la absorción laboral por parte del modelo industrial establecido en la región habían sido ya señalados hacía tiempo por autores como Gustavo Garza (1980), quien al referirse al impacto de la extracción petrolera en la región se había mostrado escéptico acerca de su posible atracción de nuevas empresas. De acuerdo con este autor, "... se suele concluir que las localidades especializadas en la extracción del petróleo son lugares adecuados para la localización industrial, esto es, que son "polos" muy importantes de considerar dentro de una política de descentralización industrial. Sin negar la evidente dinámica que la extracción del petróleo le impone a las localidades del área, esto no significa de ninguna manera que éstas se transformen en lugares de atracción industrial:

i) Generalmente son localidades pequeñas que no poseen toda la gama de factores locacionales necesarios para la industria de transformación;

ii) El impacto de las grandes inversiones en la localidad incide más bien en las ciudades que producen el equipo y la maquinaria petroleros, ya sea que estén en el país o en el extranjero;

iii) Son reducidas las industrias que poseen fuerte interrelación con el petróleo como insumo;

iv) La extracción de petróleo es altamente intensiva en capital, por lo que se absorbe poca mano de obra;

v) Históricamente se ha observado en todos los países productores de petróleo que es más fácil transportar el petróleo a los centros industriales, que fomentar industria en condiciones desventajosas en los centros petroleros." (Garza Gustavo, 1980:37-38)

En términos espaciales, son precisamente las regiones vinculadas con la industria petrolera las que más sufren la contracción laboral en los años noventa. No sólo sus opciones de diversificación son restringidas sino que el rígido sistema sindical que había dominado e impulsado el crecimiento de su planta laboral a lo largo de todo el periodo, es severamente golpeado al finalizar los años ochenta. De hecho, su reorganización representó uno de los objetivos prioritarios para la introducción de las metas neoliberales. Cabe recordar, por lo demás, que en Veracruz la composición de la industria petrolera había experimentado en estos años un cambio significativo, pues gran parte de las actividades de extracción se habían desplazado hacia otras entidades (Chiapas, Campeche), concentrándose en él la industria petroquímica, a la cual también se ha intentado introducir (hasta ahora fallidamente) al esquema privatizador.

Al examinar la evolución de la economía veracruzana según una perspectiva regional, nuestras investigaciones (Rodríguez 1999 y 2000) han mostrado que es notable la caída del empleo en las regiones de Coatzacoalcos y Minatitlán: en ambas se registra una pérdida de diez mil empleos manufactureros. Si en 1988 sumaban ambas casi el 31% del empleo industrial estatal, para 1993 sólo suman ya el 21%. Una pérdida del 10% en apenas un quinquenio.

 

 


Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social
Unidad Golfo
Xalapa, Veracruz, México