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Metodología

Considerando la participación de diversos grupos de trabajo con especialidades disciplinarias diferentes, el proyecto plantea la configuración de un espacio de trabajo en el cual el análisis regional constituye la base de integración del conocimiento generado por cada uno de ellos.

La región constituye un objeto de reflexión de los geógrafos pero también de los historiadores, los antropólogos y sobre todo, desde que existen políticas de desarrollo regional y movimientos regionales, de los economistas y los sociólogos. Las investigaciones regionales de los geógrafos poseen el aspecto de monografías descriptivas donde el análisis minucioso del medio bio-físico puede suscitar el descuido de la economía y su dimensión diacrónica. El geógrafo suele apegarse demasiado a lo que se ve mientras que el economista tiende apegarse a lo que no ve. Como ha señalado R. Gendarme (1976), el geógrafo tiende a tratar la economía de una región como una entidad cuyas relaciones internas son preponderantes; el economista, por el contrario, concibe a la región como tributaria de otros espacios, tanto en lo que concierne a sus aprovisionamientos como a sus salidas; la naturaleza de sus flujos y su importancia cuantitativa subrayan la interdependencia de las regiones, aspecto que en el discurso económico suele privilegiarse. De hecho, la competencia entre las disciplinas a propósito de la noción de región posee una historia, en la cual los diferentes momentos de la política gubernamental en materia de planificación o de regionalización posee gran importancia (Bourdieu, 1980). La incorporación del análisis sociológico, ecológico y antropológico a la discusión del concepto de región, deriva en gran medida del surgimiento de movimientos sociales de rechazo a los efectos de las diversas medidas de intervención del Estado en el territorio. En este sentido, la problemática regional representa una arena de disputa entre los diversos agentes sociales involucrados en el conflicto por el control del territorio, y no puede escapar al influjo de las estrategias construidas por cada uno de ellos hacia el reconocimiento de sus intereses. De ahí que Bourdieu señale que las luchas a propósito de la identidad étnica o regional, son un caso particular de las luchas por las clasificaciones, luchas por el monopolio del poder de hacer ver y de hacer creer, de hacer conocer y de hacer reconocer, de imponer la visión legitima de las divisiones (fronteras o limites espaciales) del mundo social y, por esa vía, de hacer y deshacer los grupos (Bourdieu, 1980). Por estas razones, no hay nada, incluidos los paisajes naturales, descritos con tanta precisión por los geógrafos y los ecólogos, que no sea producto de la historia social. La definición de los límites de una región entraña en consecuencia, además de las propiedades objetivas del medio físico, las propiedades subjetivas (como el sentimiento de pertenencia), es decir, las representaciones que los agentes sociales se hacen de las divisiones de la realidad. Las luchas regionales ponen en juego precisamente la conservación o la transformación de las relaciones de fuerza políticas y simbólicas, y los beneficios correlativos, tanto económicos como simbólicos. Y es precisamente porque la región representa un espacio marcado por una distancia económica y social (no necesariamente geográfica) a un centro, es decir, por la privación de recursos que puede concentrar otra región o el mismo centro, que ella tiende a reivindicar su existencia. Por ello, las luchas regionales suelen poseer esta doble dimensión (simbólica y práctica).

Sin embargo, más allá de las discusiones intestinas en torno a problemas como los de región natural, región polarizada o polo de desarrollo, el análisis regional tiene que enfrentarse en la actualidad a problemas más complejos, como la mundialización de los intercambios y el desarrollo en las zonas llamadas periféricas. Esta situación obliga entonces a entender lo que sucede en las situaciones marginales o, en otras palabras, las transiciones regionales. En ellas nos hallamos ante sistemas cuya complejidad había sido desatendida por la tradición geográfica. Para su esclarecimiento, el análisis sistémico ofrece una perspectiva teórica que contribuye a dilucidar el paso de lo global a lo local, donde el todo está en todas partes y no existe la última instancia.

Bajo estas consideraciones, es preciso advertir que la división federal del territorio no constituye el marco apropiado para la percepción de las organizaciones regionales. Veracruz ofrece diversos ejemplos de espacios provistos de una acentuada individualidad (lo que los distingue de los espacios aledaños) que dependen administrativamente de dos o varios estados: el Totonacapan, las Huastecas, el Istmo. Sea bajos criterios étnicos o económicos, estos espacios pueden ser entendidos en términos de espacios en movimiento: poseen una historia. El tiempo representa una entrada a la complejidad regional (Cambrezy, 1987).

Una región es el asiento de un conjunto de fenómenos que pueden agruparse en un cierto número de componentes, que cabe llamar subsistemas, y que evolucionan según la naturaleza del sistema. En nuestro caso, podría hablarse de un peculiar sistema biofísico, con una flora y una fauna específicos, un cierto tipo de producción, una población con determinada conformación social, una dinámica económica, construcciones y obras de infraestructura, conjuntos de políticas que regulan diversos aspectos de la actividad regional, etc.

De acuerdo con Rolando García, la complejidad de un sistema no está determinada solamente por la heterogeneidad de los elementos o subsistemas que lo componen y cuya naturaleza los sitúa normalmente dentro del dominio de diversas ramas de la ciencia y la tecnología. Además de la heterogeneidad, la característica determinante de un sistema complejo es la interdefinibilidad y mutua dependencia de las funciones que cumplen dichos elementos dentro del sistema total. Esta característica excluye la posibilidad de obtener un análisis de un sistema complejo por la simple adición de estudios sectoriales correspondientes a cada uno de los elementos. Un principio básico de la teoría de los sistemas complejos afirma que la alteración en un sector se propaga de diversas maneras a través del conjunto de relaciones que definen la estructura del sistema, y en situaciones criticas, genera una reorganización total. Las interacciones entre las partes y la totalidad no pueden ser analizadas fraccionando el sistema en un conjunto de áreas parciales que correspondan al dominio disciplinario de cada uno de los elementos. La investigación interdisciplinaria es el tipo de estudio requerido por un sistema complejo.

 

 


Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social
Unidad Golfo
Xalapa, Veracruz, México