Jueves, 24 Abril 2014
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El cuento del maí­z.


Datos Generales

Título: El cuento del maí­z.
Clave: 000098
Género: Narrativo
Subgénero: Mito
Idioma: Español
Tema: El maí­z/Los animales
Narrador: Marí­a Pérez de Nicolás
Informante:
Sexo:
Lugar de nacimiento:
lugar de registro: Francisco Sarabia, mpio. Papantla
Recopilador: Salvador Francisco Francisco
Adscripción: Unidad Regional Norte de Veracruz, Dirección General de Culturas Populares.
Puesto: Promotor cultural
Proyecto: UC MEXUS-CONACYT Grant number CB-07-127
Fuente:

CONACULTA/DGCP. 2000. Cuentos Totonacos. Antología. Colec. Letras Indígenas Contemporáneas, p. 82-84.

Observaciones:

La versión en totonaco fue publicada con el título Xa talichuwin kuxe en la misma fuente, pp. 79-81.

Imagen
 

Hace mucho tiempo, no existía ni se conocía el grano de maíz. Era un pájaro quien traía los granos desde el cielo y los iba acumulando en un árbol, introduciéndolos a través de un hueco.

Una vez se escapó de su pico un grano y cayó al suelo. Cierto día pasaba una hormiga arriera, en busca de alimento por el lugar donde cayó el grano; nunca antes lo había visto, así que lo guardó para mostrarlo a sus amigos. Esa hormiga era hombre y los otros animales también, en tanto que el pájaro que traía el maíz del cielo era un animal verdadero y lo es hasta la fecha: el quetzal.

Cuando la arriera encontró el grano de maíz, no había ya comida suficiente para la gente: muchos habían muerto de hambre. Entonces, la arriera llevó el grano que encontró y a medio camino tropezó con su buen amigo el pájaro carpintero y le mostró su hallazgo. El pájaro preguntó dónde lo había encontrado, pues quizá habría más.

Regresaron los dos, buscaron por todos lados sin encontrar nada, hasta que uno de ellos miró hacia arriba de un árbol, vio que estaba agujereado y pensó que ahí podía haber más. El pájaro carpintero trepó para ver el interior del árbol a través del agujero.

El árbol era muy grueso y tenía un hueco por el que apenas cabía un pájaro, y como el carpintero era hombre, no pudo meter su cabeza: sólo podía observar. Vio que estaba lleno de maíz y se alegró por haber encontrado más; el mismo pájaro carpintero empezó a agrandar el hueco porque tenía una buena herramienta pero cuando se descuidó salió mucho maíz y se le vino encima. Al caer, se lastimó la cabeza, por eso es que los pájaros carpinteros ahora andan con la cabeza colorada.

Mientras el pájaro permanecía bajo el montón de maíz, la arriera empezó a acarrear granos sin importarle lo que había sucedido a su amigo.

Cuando el pájaro, al fin, salió, la arriera ya había hecho algunos viajes sin que el pájaro se diera cuenta. Empezaron a discutir porque la hormiga no había ayudado a su amigo. Una vez que se calmaron, el pájaro empezó a acarrear maíz sin decirle nada a la hormiga; en tanto ésta seguía acarreando.

Para llevarlo todo, hicieron varios viajes. Cuando supo el pájaro carpintero que la hormiga ya había hecho algunos viajes antes de que él saliera del montón, se enojó más; pero no le dijo nada, sino que pensó prescindir de su amigo.

Pasaron varios días sin querer verse y no se pusieron de acuerdo en la manera de utilizar el maíz. La hormiga se lo empezó a comer y el pájaro dejó una parte para su gasto y, otra, para sembrarlo. Al sembrarlo, no tardó mucho tiempo en nacer la milpa y estuvo lista para jilotear. Cuando se dio cuenta la hormiga de que su anterior amigo había sembrado su maíz, decidió preguntarle el procedimiento; pero éste nunca le dijo la verdad: le decía que primero lo tostara y después lo sembrara, o que primero lo hirviera y luego lo sembrara, o que aun molido hacía igual. Probó las tres formas y nunca nacían las milpas. Sembró varias veces y aun así no nacían. Cada vez que iba a consultar a su amigo, le volvía a decir lo mismo. Por fin, cuando se percató de que no le quería decir la verdad, le habló al viento y le contó cuanto estaba pasando. Éste decidió ayudarle. Empezó a soplar muy fuerte, echando abajo todas las milpas, y el pájaro se puso muy triste. Empezó a investigar quién había ordenado al viento soplar tan fuerte. Cuando supo que había sido la hormiga, fue a su casa y le dijo que si le levantaban otra vez las milpas, le diría, de verdad, cómo sembrar el maíz. Entonces la hormiga le dijo al viento que levantara toda la milpa que había tumbado porque el pájaro le diría cómo sembrar la semilla del maíz. Sopló otra vez y levantó todas las milpas. Las unió por donde se habían quebrado, por eso se ve que las milpas tienen muchos trozos, y si no fuera por el viento, las milpas nacerían como nacen los plátanos y saldrían los jilotes en las puntas de las matas.

Cuando sembró la hormiga, también nacieron rápido sus milpas, como las de su amigo pájaro. Nacieron rápido porque fueron las semillas que mandó Dios por primera vez.

 



Archivos transcritos originales:
Texto   PDF

Creado: 21-11-2011 19:05:07
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Modificado: 04-04-2012 21:33:01  

 

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