Repensando el feminismo

Por L.A.S. Metztli López Torres - Estudiante de la MAS-Golfo

 

GARGALLO, FRANSCESCA

IDEAS FEMINISTAS LATINOAMERICANAS,

UACM, MEXICO, 2006

 

He de confesar que me acerqué a este libro buscando generarme una idea sobre qué era el feminismo, y para mi satisfacción me encontré con una obra totalmente reveladora. El cambio que dio en mí y en mi perspectiva para la investigación que he propuesto para la maestría, sólo lo puedo explicar bajo el argumento de que es necesario retomar el feminismo; que aquellas mujeres comprometidas con los estudios sobre mujeres y para mujeres que vemos que ellas –nosotras- nos reproducimos bajo condiciones de opresión debemos revisar el feminismo. Supongo que comprender esto para un hombre no debe ser muy fácil y lamentablemente aún siendo éste un antropólogo, sociólogo, etnólogo o cualquier otro científico social porque significaría que vería en su propia realidad –con sus esposas, compañeras de trabajo, hijas, etcétera- la dominación que él mismo ejerce sobre la mujer que quede a su alcance y, me parece, para nadie es cómodo darse cuenta que la mayoría de las veces abusan de su “condición” para sus propios beneficios. Dejando de lado si comprenden o no comprenden, me enfoco en el texto. La autora, que se califica como una “historiadora de las ideas” y del feminismo en México, nos va relatando el desenvolvimiento del feminismo en nuestro país y en Latinoamérica. Desde los textos de Simon de Beauvoir hasta el concepto de “gender”, traducido al español como género, introducido por Gayle Rubin, el cual dio un vuelco total en los estudios de las feministas hacia los años 1970, hasta estudios actuales.

En el desarrollo del texto, la autora menciona en varias ocasiones su molestia –la cual comparto- con los estudios de género y las “expertas en género” como ellas las llama, que han abandonado el feminismo o que ni siquiera han pertenecido al él. La cuestión aquí no son esas mujeres, que al fin y al cabo también se buscan el pan de cada día para sobrevivir en un mundo tan absorbente como el “nuestro”, sino que esas expertas en género, que reflejan su trabajo en las políticas públicas, siguen entrando en las estructuras de poder porque trabajan para ese poder; los instrumentos de jerarquización siguen estando latentes y en constante reproducción, es decir, se sirven de trabajar para el mismo sistema que las oprime. Las feministas, por el contrario, buscaban (y buscan) algo muy diferente. Este decrecimiento de feministas con el crecimiento de “expertas en género” ha relegado el estudio de las mujeres a una categoría “género” suplantado las cátedras dentro de las universidades; estas políticas del “empoderamiento” dentro del “feminismo institucionalizado” olvidan a las mujeres reales de carne y hueso y, nuevamente, éstas vuelven a entrar como un número más en las estadísticas de los programas ejercidos por tal o cual gobierno.

Un punto de suma importancia que me parece pertinente mencionar antes de seguir, es que no existe un feminismo, existen muchos, de distintos tipos y desde diferentes disciplinas, sin embargo, todos convergen en la ideas de que “representa el enfrentamiento con el sistema patriarcal (…) tiene su razón de ser porque persigue la trasformación económica, política, social ideológica, psíquica y sexual de las mujeres” (p. 82). De igual manera, también existen diferentes tipos de feministas: las que están en colectivos, las académicas, las radicales, las disidentes, autónomas, etcétera. De la misma manera que cuando hablamos de “familia”, tenemos que preguntarnos ¿de qué tipo de familia estás hablando?, lo mismo sucede con el feminismo: son variados y hay que identificar bien de cuál estamos hablando para no caer en el error, que me parece de muchos y muchas, de englobar el feminismo como uno sólo, y lo peor, englobarlo en el feminismo radical de hace ¡30 años!

La autora menciona que es posible hablar de un feminismo latinoamericano así como de filosofías femeninas latinoamericanas sin dejar de lado el justo y necesario valor de las intelectuales europeas (principalmente italianas y españolas) así como a las norteamericanas. Considera necesario voltear a ver, leer y citar a las intelectuales latinoamericanas que, para mi sorpresa son muchas, muy buenas y bien organizadas. Considera, no sólo las que han producido teoría feminista sino también a escritoras, poetas y artistas que han logrado representar y recrear a las mujeres desde disciplinas diferentes y que, en conjunto, han servido para reconfigurar la idea de las mujeres en ellas mismas. Tal es el caso de Rosario Castellanos en México, la música activista dominicana de Ochy Curiel, Mónica Mayer desde las artes plásticas en México, Fanny Buitrago con su poesía, Marvel Moreno en la literatura, ambas colombianas. Ellas nos expresan, desde sus disciplinas, su ser, sentir, su cultura y las partes de ella que ya no quieren en sus vidas pero sobre todo, ven con ojos de mujer, porque sienten como mujeres y porque viven la opresión de sus sociedades también como mujeres.

Estos pequeños “actos de rebeldía” (p. 197) que se dan diariamente en pequeños colectivos de mujeres, que sin ser feministas rompen con el engranaje establecido, aquellas que buscan otras maneras de ser, como las lesbianas, transgénero y las múltiples versiones de “ser mujer”, o en todas aquellas como las indígenas, negras, prostitutas, artistas, o cualquier otra considerada marginadas, es en donde los estudios de las feministas deben poner el ojo y por quienes los estudios feministas deben de seguir adelante. “No se trata de insertarnos en el mundo masculino, sino de ser nosotras en la realidad social en la que nos toca vivir. Para nosotras esta realidad es Latinoamérica, con sus diferencias nacionales y regionales, con sus pueblos en lucha por lograr una verdadera descolonización, con sus desastres ecológicos en marcha, con sus aportes filosóficos y sociales, con sus feminismos que, todos, jamás han desligado su reflexión del quehacer político-social” (p.262).

La lectura del libro me invita a proponer a las mujeres interesadas en estos temas a seguir investigando y actuando desde múltiples maneras para expresar nuestro desacuerdo con ésta sociedad, para proponer y crear nuevos espacios de locución, de interacción, de comunicación… propuesta, claro, para todas aquellas y aquellos que estén en desacuerdo con el sistema de opresión, que no sólo ejerce su yugo en mujeres, también en hombres – cuando intentan salirse del estereotipo-, niñas y niños. Esto lamentablemente también tiene impacto sobre nuestro planeta que poco a poco nos está pasando la factura de las deudas que tenemos con la tierra. Se trata, me parece, de repensar el mundo desde otra perspectiva, en donde el poder de los que lo tienen apenas voltean hacia quien lo ejercen; se trata de generar una conciencia de dónde estamos, hacia dónde vamos y que queremos en relación con nuestra historia, que al fin y al cabo hombres y mujeres somos parte de las y los arquitectos que lo construyen; no pensar en el mundo como un monstruo devorador, sino dentro de él crear las herramientas para frenarlo y transformarlo. El camino no es fácil, ¿pero qué de la vida lo es?, lo que sí es claro es que nosotras hemos existido desde siempre y debemos de seguir estando presentes cada vez más en la lucha por la equidad y la trasformación de las ideas.

Recomiendo la lectura del libro que nos presenta Francesca Gargallo para todas aquellas y aquellos interesados en dar un breve, pero consistente, mapeo sobre el feminismo latinoamericano y sus diferentes caminos; sé que omito aspectos de gran importancia pero lo hago también con el propósito de invitarlas e invitarlos a leerlo. Es mi deseo también que este espacio sirva para comunicarnos, dialogar y presentar propuestas acerca de qué podemos hacer para cambiar nuestro sistema, para contactarnos con otras disciplinas y si se puede –como proyecto más ambicioso- retomar el carácter de acción-impacto dentro de la antropología hacia nuestra sociedad. Espero sus comentarios.

Correo electrónico: metztlilt@ciesas.edu.mx