Urbanización y nuevos territorios urbanos en una ciudad capital: Xalapa, Ver.

Por Dra. Minerva Villanueva Olmedo - CIESAS Golfo - México

 

A partir de la década de los años ochenta, los procesos económicos globales y el modelo de desarrollo económico neoliberal que han asumido los países latinoamericanos, mostraron su impacto en la organización del territorio urbano. El retiro del capital industrial de las principales ciudades, la aparición del capital inmobiliario privado y trasnacional y el alejamiento paulatino de la participación del Estado en la producción de vivienda, han afectado las modalidades y los procesos con que se expande la ciudad generando nuevas facetas de manifestación de lo urbano. Las nuevas formas de organización del espacio y de los procesos de urbanización, marcada por una acentuada heterogeneidad espacial, se vuelve evidente.
La expansión acelerada de las ciudades medias y la urbanización cada vez mas creciente de los espacios rurales inmediatos modifican los antiguos paisajes rururbanos al incorporar formas urbanas distintas a las generadas décadas atrás por el crecimiento de la ciudad. Para entender el carácter que hoy tiene la expansión urbana de Xalapa debemos apuntar algunas cuestiones. Una investigación anterior, en donde el centro de atención fue la expansión urbana y la periurbanización de esta ciudad bajo una mirada histórica, nos mostró la reestructuración espacial y urbana de la ciudad motivada por el crecimiento de su población producto de las corrientes migratorias a Xalapa a partir de la década de los sesenta.  Este proceso rompió con la anterior estructura urbana al formarse una amplia franja periférica compuesta por población de bajos ingresos quienes, de manera irregular y muchas veces ilegal, aumentaron la mancha urbana formando una gran zona caracterizada por su precariedad.
Ese carácter popular y concentrador de pobreza que caracterizó la expansión urbana de la ciudad de Xalapa en la década de los ochenta, ha cambiado a una expansión urbana acelerada de la periferia a través de áreas de vivienda residencial que concentra población de recursos medios y altos. Estos “nuevos” espacios presentan características diferentes a los que dieron forma a la ciudad en el siglo pasado cuando los espacios habitacionales estaban caracterizados por ser abiertos e integrados a la ciudad, al paso del transeúnte, al transporte colectivo y en general, a la estructura urbana. Lo mismo sucedía con los espacios comerciales. Hoy ambos están cambiando; la aparición de la figura de Plazas cerradas que concentran variedad de establecimientos comerciales es evidente. Igual sucede con las zonas habitacionales. Cada vez son más los fraccionamientos que cierran el acceso y se mantienen como pequeñas islas privadas. En los últimos diez años se han multiplicado los fraccionamientos cerrados y los fraccionamientos campestres.

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Los fraccionamientos cerrados como tales son espacios habitacionales relativamente recientes. Se sitúan en diferentes puntos de la ciudad pero se congregan principalmente en la periferia de la porción sur. Estos fraccionamientos cerrados son producto de la ingerencia del capital privado en el ramo inmobiliario; la adquisición de la vivienda se realiza generalmente al margen de las instituciones públicas y con la ingerencia directa de instituciones hipotecarias privadas. A diferencia de los espacios urbanos tradicionales como los barrios o las colonias de trabajadores o de las propias colonias populares y precarias de la ciudad, estos fraccionamientos nacen completamente urbanizados con una alta calidad en los servicios; son completamente cerrados, el acceso es controlado, lo que los aísla del resto de la población urbana, no están abiertos a los transeúntes o al transporte colectivo como los otros; esto, al mismo tiempo, los destaca de un entorno que generalmente, presenta condiciones urbanas inferiores a estos conglomerados. En su interior domina la homogeneidad arquitectónica, las viviendas generalmente son de corte unifamiliar, jardinadas en sus frentes y con espacio para estacionamiento. Estos fraccionamientos muestran una característica importante: el manejo privado del espacio; la vigilancia, el acceso, y el mantenimiento de las áreas verdes y áreas públicas están a cargo de empresas de administración privadas o  bien de los propios vecinos quienes forman un comité de administración. Esta situación relega a un segundo término a las autoridades municipales en el manejo de los servicios. Cabe señalar que estos nuevos territorios urbanos presentan diferencias entre sí; son conglomerados que agrupan desde unas cuantas viviendas hasta cerca de 300. Estos fraccionamientos evidencian la segregación socioresidencial y propician la fragmentación de la ciudad de manera multiforme. Los barrios cerrados, señala Thuillier, “proponen un mundo ideal” y yo agregaría, seguro al menos en su promoción, frente a una ciudad en crisis de infraestructura y en crisis de seguridad y, de alguna manera, privatizan la ciudad.
Paralelamente al surgimiento de éstos, encontramos los fraccionamientos campestres. Este tipo de fraccionamiento se ha ubicado hacia la parte Sur y Sur-Oeste de la mancha urbana principalmente en predios que se encuentran sobre la antigua carretera a Coatepec. Se desarrollaron con la pérdida de inversión al campo y la caída de los precios de los cultivos regionales como el café y el azúcar y se acentuaron con el crecimiento de la ciudad de Xalapa sobre tierras de los antiguos pueblos debido a la creciente demanda de vivienda. Los lotes son grandes pues deben de tener una superficie de más de mil metros cuadrados. En este tipo de fraccionamiento, sólo es permitida la construcción de un 40 a un  60% de la superficie total dependiendo de los acuerdos y normas vigentes en cada zona. Por ejemplo hacia la zona conocida como Briones y La Pitaya, siguiendo la carretera antigua a Coatepec, está estipulado que los lotes no deben ser menores a los 2 500 metros cuadrados, con el objeto de cuidar el entorno ecológico. No obstante no siempre dichas normas se respetan como sucede hacia la zona Sur en donde los predios son más pequeños.

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Los fraccionamientos campestres, por los motivos expuestos, generalmente se encuentran fuera de la mancha urbana aunque comúnmente están bien comunicados, como en caso del Fraccionamiento Santa Fé, Tres pasos o la Moraleja, situados en la porción Sur, la Pitaya en el poniente de la ciudad o en los más nuevos como Las Arboledas, situados sobre la antigua carretera a Coatepec. A diferencia de los anteriores, los cerrados, en estos fraccionamientos la construcción de la vivienda corre a cargo de los propietarios y si bien, en todos los casos, el fraccionador debería proporcionar los servicios y equipamiento necesario, en general, estos son los mínimos: electricidad y agua potable y, algunas veces se pavimenta sólo el acceso principal dejando las vías secundarias con rodadas para los automóviles. Campestre es sinónimo de ausencia de servicios óptimos y generalmente involucran una organización de los vecinos para su introducción.
Es evidente que estos “nuevos” espacios urbanos requieren de una mirada antropológica minuciosa y sobre todo cualitativa para entender la manera en que los diferentes grupos de su población los viven y lo gestionan en los distintos niveles (cultural y político); en la forma en que los sujetos los territorilizan y reterritorializan entendido esto como espacios de relaciones ¿Que implica el manejo y gestión de este territorio?; ¿cuáles son los niveles de participación de los habitantes en el manejo de este nuevo entorno? ¿Hasta dónde este espacio aparentemente uniforme está dominado por la heterogeneidad sociocultural? ¿Cuáles son las bases de la identidad en estos nuevos espacios? ¿Cuáles son las bases de la participación ciudadana? Estas y otras preguntas son importantes para entender las nuevas formas de urbanizaciónque y procesos socioculturales se desarrollan en las ciudades medias en la actualidad.

minervav@ciesas-golfo.edu.mx