Actividades agrícolas y estilos de vida en la vejez rural

Por Dr. Felipe Vázquez Palacios. - CIESAS Golfo - México

 

Este escrito pretende plantear algunas reflexiones iniciales sobre el proyecto de investigación TRANSFORMACIONES DEL ENVEJECIMIENTO EN LAS RURALIDADES VERACRUZANAS, reseñado en el primer número de este boletín electrónico. En este trabajo partimos del supuesto de que los ciclos biológicos de cada cultivo imponen sus tiempos, ritmos y actividades; en esa tesitura se han ido construyendo y definiendo estilos de vida que moldean el envejecimiento rural. Sus efectos en la calidad de vida de los campesinos, resultan imperceptibles, sin embargo, una mirada sobre el terreno permite detectar entre los ancianos del medio agrícola, formas diferentes de ver la vida, pensarla y sentirla, lo que hace suponer proyectos de vida distintos. Aquí esbozaré brevemente la forma en que el café y la caña modelan estilos de vida campesina


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El café es un cultivo que requiere de faenas continuas entre las montañas o bosques mientras que el cultivo de la caña necesita de labores intermitentes en tierras extensas y planas. En el caso del café se hace primero un "plantel" o semillero, las pequeñas plantas se trasplantan en bolsas que después son sembradas en la finca cavando hoyos con pala y pico. La siembra de la caña, en cambio, se hace a través de trozos de los tallos y, la labranza de la tierra, se realiza con el tractor. En los cañaverales, el trabajo se hace a la luz de sol y a machetazos; en el café, a la sombra y principalmente con el azadón y las manos. Antes del corte, la caña se quema, se corta y después se hacen montones de 50 kilos que luego se subirán al camión que la llevará al ingenio para su proceso industrial. En el café, el corte se realiza de forma manual y con cuidado de no deshojar o quebrar ramas; lo cosechado se cargará en pequeños morrales para pesarlo y llevarlo a lavar y secar. Esto obliga a los cafetaleros a tareas delicadas y pacientes contrarias al del corte de caña; el corte del café es una tarea lenta lenta y en él participa la familia; en la caña se exige rapidez, la fuerza masculina y, con frecuencia, el alcohol para poder soportar esta actividad. En estas condiciones, son los cafetaleros más que los cañeros los que, pese a su edad, se les ve todavía en los campos realizando diversas tareas. La caña, no permite la conservación de costumbres y tradiciones pues sus actividades son controladas por el ingenio y sus redes sociales suelen ser más verticales. Los trabajadores están más interesados en la política local, en los sindicatos, en las jubilaciones, pensiones; los cañeros han tenido más posibilidades de dedicarse a otras actividades (el comercio o alguna otra actividad en la ciudad), también son los que más han resentido las ausencias de un familiar que se ha ido en busca de trabajo. En cambio, en los cafeticultores su organización social depende de la familia, de recursos propios y no de una institución como en el caso de los cañeros. Pero, ¿qué tienen que ver estas formas diferenciadas de actividades agrícolas con los estilos y la calidad de vida en la vejez rural?


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En ambos cultivos, los viejos del medio rural han puesto en marcha determinadas capacidades y esfuerzos para superar innumerables obstáculos como: hijos que se han ido, el cuidado de los nietos, nueras; el control y administración de las remesas, problemas de salud, falta de control y organización de las tareas agrícolas cada vez más pesadas que, por la edad o la salud, tienen que dejar en manos extrañas e inexpertas desvinculándolos de los diferentes procesos productivos cada vez más imbuidos de proyectos tecnológicos, máquinas, diversificación de actividades sociales, económicas y políticas y/o procesos de modernización. En este contexto, en cada estilo de vida de los cafetaleros o cañeros, se busca la manera de resolver necesidades adecuándose a su núcleo regulador natural (conformado por todo su conocimiento histórico, así como por su matriz social y cultural de la cual surge). Es así como se va moldeando y organizando la vida cotidiana y se van definiendo las estrategias de supervivencia. Si bien, las formas de trabajo agrícola del café y la caña permiten describir dos lógicas distintas, poca diferencia se nota en la calidad de vida de los sectores envejecidos rurales aunque sí se evidencian diferencias marcadas en los estilos de vida, en la manera de resolver sus necesidades, ordenar y jerarquizar sus prioridades y sus relaciones sociales, en la forma de legitimizar y garantizar el funcionamiento y subsistencia campesina, así como también en la forma de ver y sentir la vida. Al ser atravesados los estilos de vida por el núcleo regulador, tanto cañeros como cafetaleros, aunque diferentes, mantienen su cohesión interna, su base natural común que les permiten la interrelación de elementos culturales, económicos, políticos y religiosos de manera "cohesiva e integradora" en sus localidades, pero con distintos niveles de satisfacción de necesidades y diferente concepción y proyecto de vida, especialmente en la vejez y en contextos de pobreza.

He querido compartir en este boletín estos pequeños avances que han resultado del trabajo de campo; me gustaría ponerlos a consideración y recibir comentarios a la siguiente dirección de correo: fevaz@ciesas-golfo.edu.mx.